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Bienvenidos al Paraíso: El turismo sostenible, alternativa al cultivo ilegal en Colombia

Por: Redacció el 18/01/08 11:16
Tiempo estimado de lectura : 6 minutos
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Conocer historias de los lugareños y acercarse a la realidad más auténtica de Colombia son algunas de las posibilidades que abre la nueva vía del turismo responsable en el país latinoamericano. Una opción que cambia vidas.

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Bienvenidos al Paraíso: El turismo sostenible, alternativa al cultivo ilegal en Colombia

Posadas Ecoturísticas

Las posadas ecoturísticas de la Sierra Nevada de Santa Marta, en la costa caribeña de Colombia, son una opción de turismo responsable que permiten gozar de las playas del país y los bosques tropicales de la serranía. Las cabañas están cuidadas por 170 familias de guardabosques que en su día decidieron abandonar el trabajo en los campos de coca para dedicarse a atender los turistas que vinieran a esta zona del país. Hospedarse en ellas es una oportunidad inmejorable para conocer la riqueza natural del Caribe colombiano y escuchar cientos de historias que ocurrieron años atrás en los cocaleros de la sierra.

Los primeros rayos de sol se filtran por el techumbre tropical. Más allá, la línea del horizonte choca con las nieves de la alta montaña. “Bienvenidos al Paraíso”, dice Richard. El tren de la vida le dejó un paquete de oportunidades, y así, en ese jardín natural, pudo empezar a reconstruir su vida. Atrás quedan los tiempos de la coca y “de verdad, que es que no se imagina como han cambiado nuestras vidas”, comenta él mismo.

Menos dinero pero menos penas y angustias

Hace unos pocos años, en ese rincón del planeta donde todavía se puede comprobar que el paraíso existió, Richard trabajaba con una pequeña estación de radio. Él y su equipo tenían el bosque por oficina y se dedicaban a alertar de la presencia policial en las cercanías de la Sierra para que el negocio de la recolección de coca y la elaboración de cocaína no sufriera contratiempos.



“Se ganaba más plata, pero también se ganaba más en penas y angustias”. Su vida era el juego del gato y el ratón con la policía, en una lucha constante por la supervivencia en la clandestinidad. Pero así eran también las vidas de hasta 170 familias de la zona.


Jazmine, por ejemplo, se ganaba la vida cocinando para los campesinos que trabajaban en los cocaleros. Se pasaba semanas enteras en plena selva, viviendo en campamentos improvisados, junto con los demás trabajadores, entre ellos su marido. Los dos recuerdan con desazón aquella noche en que fueron despertados por el ruido de un motor de helicóptero policial. Sin apenas tiempo, tuvieron que salir corriendo, campo a través y con el bebé a cuestas. A ciegas, sin paradero al que llegar, anduvieron hasta el amanecer.

Vidas nuevas

Y así transcurrían cientos de vidas más, algunas recolectando, otras transportando mercancía, cultivando, construyendo campamentos, elaborando el producto…La coca dio brillo ilícito a la Sierra, convirtió el paradero en un epicentro de prosperidad económica sucia que atraía trabajadores de todos los lugares.





“Los caminos que llevan a la colina parecían autopistas por las que transitaban mulas con bidones de gasolina para la elaboración de la cocaína”

“Me acuerdo”, dice Luís Antonio, “cuando los caminos que llevan a la colina, parecían auténticas autopistas por las que transitaban mulas cargadas de bidones de gasolina para la elaboración de la cocaína”. También él decidió entrar en el mundo de la coca, y hasta en sus tierras acabó cultivando algunas matas de tal planta.

Richard vuelve las manos hacia la nuca. Estira las piernas, levanta las patas de la silla e inclina su respaldo hacia atrás. Inspira profundo. Ese amanecer fresco, con el río que canta de fondo, entre mangos y cocoteros. Le agradece a Dios la tranquilidad de la que goza ahora y de que le haya dado la responsabilidad de que los turistas se encuentren como en sus propias casas.

“Imagínese si es bonito este lugar”, comenta él mismo, “que hace un mes nos llegaron dos mujeres recién casadas de Europa que vinieron para quedarse una sola noche y cuando lo vieron, decidieron quedarse el resto de su luna de miel”.

Al momento aparece Celso. “Este sí que puede contar historias”, añade Richard. Celso aprendió a escribir su nombre hace apenas un año. Tuvo que hacerlo para poder cobrar los subsidios del gobierno. No obstante, sus conocimientos de la Sierra y del Parque Tayrona le han sido reconocidos en numerosas ocasiones por las universidades del país. Celso nunca trabajó en la coca. Ya estaba cansado después de su experiencia como “marihuanero”. “¿Ve el barco que encalló en las rocas de una de las playas del Tayrona? Para ese iba mi cosecha”. Hasta que un día intuyó que si no se marchaba de su casa, podría ser víctima de las bandas que dirigían el comercio de la hierba. Cuando volvió a los tres días, le habían robado toda la producción, “pero creo que salvé la vida”.

Todos en la Sierra tienen cosas que contar, y la mayoría se muestran abiertos a hacerlo. Esto es lo que hace especialmente atractivo el lugar: la combinación de paisajes exóticos con las historias personales, que mezclados, dan una visión al turista distinta de la que ofrecen muchos planes de viaje. De la misma forma, este modelo de turismo permite que los lugareños obtengan ingresos económicos procedentes de fuentes alternativas a las de las prácticas que realizaron con anterioridad.

La iniciativa de las posadas partió del Programa Familias de Guardabosques, de la Agencia Presidencial colombiana para la Acción Social y la Cooperación Internacional y del programa Posadas Turísticas de Colombia del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo. Están situadas en la troncal del Caribe, y se ubican en 7 veredas que colindan con el Parque Natural Nacional del Tayrona, una de las joyas del país. Su oferta turística va desde la contemplación de la fauna y la flora hasta las excursiones a los asentamientos indígenas, pasando por baños en quebradas tropicales, paseos a caballo o buceos en las aguas del Caribe del parque Tayrona.

Las posadas tienen capacidad para un máximo de cuatro personas, baño privado y una terraza con dos hamacas. Los precios por noche incluyen el desayuno. El almuerzo y la comida van a parte y es frecuente encontrar en el menú comida típica colombiana.

Excursión. Los Kogui

El pueblo Kogui desciende de la perdida civilización Tayrona, quienes, antes de la Colonización, habitaban las selvas de la serranía y las costas del Caribe colombiano. En la actualidad, los Kogui se encuentran en las faldas de la montaña y siguen manteniendo sus formas de vida ancestrales.

Son un pueblo tímido y no acostumbrado a la visita de extranjeros. Sin embargo, el vínculo entre ellos y los guardabosques de las posadas facilita la aproximación al lugar. Al rato de estar con ellos pueden surgir las primeras conversaciones, y después, se muestran abiertos a enseñar sus formas de vida. Practican una economía de subsistencia. No obstante, reciben algunas ayudas externas. Tienen sus propias leyes y practican la religión católica, adoptada en los últimos años, aunque conservando ciertos aspectos de sus rituales tradicionales.

Viven en cabañas de madera que no suelen visitarse, pero pueden verse, e incluso entrar en ellas, dos construcciones situadas en el centro del pueblo donde se toman las decisiones que afectan a la comunidad. La forma de estas dos casas es circular, el techo es vegetal y se aguanta por un palo colocado en el centro de la planta. Uno de los edificios es para mujeres, el otro es para hombres.

Las posadas de San Rafael son las más próximas a un asentamiento Kogui. Tan solo se necesitan dos horas de marcha por sendero tropical. Los guardabosques pueden alquilar mulas y caballos para que la excursión sea más cómoda. Sin embargo, los animales no recorren todo el camino, por lo que hay que hacer el último tramo a pie.

(*) Joan Ortiz es periodista. En 2007, vivió ocho meses en Colombia, donde realizó reportajes para diversos medios.

Enlaces relacionados:

Programa Familias de Guardabosques, de la Agencia Presidencial colombiana para la Acción Social y la Cooperación Internacional.

Posadas Turísticas de Colombia del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo.

Parque Natural Nacional del Tayrona.

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Canal Solidario-OneWorld 2008

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