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Centro de Internamiento de Extranjeros de Aluche: impresiones de una visitante

Por: Isabel Seck el 08/07/10 14:34
Tiempo estimado de lectura : 5 minutos
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Bárbara, Sandra, Isa e Isabel son cuatro chicas cuyos novios y maridos, originarios de Senegal, se encuentran acosados por las frecuentes redadas y controles masivos de inmigración. Entre ellas se informan, ayudan y consuelan. Isabel nos cuenta su experiencia en el CIE de Aluche de Madrid.

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Centro de Internamiento de Extranjeros de Aluche: impresiones de una visitante

La imagen es de Isabel Seck

Bárbara, Sandra, Isa e Isabel son cuatro chicas cuyos novios y maridos, originarios de Senegal, se encuentran acosados por las frecuentes redadas y controles masivos de inmigración. Entre ellas se informan, ayudan y consuelan. Isabel nos cuenta su experiencia en el CIE de Aluche de Madrid.

Bárbara y Sandra trabajan juntas como camareras en un bar de Lavapiés, y Bárbara e Isa (que trabaja en una ONG con inmigrantes subsaharianos), también viven en el barrio (Sandra y yo vivimos cerca, hacia la zona del parque de El Retiro). Sandra empezará la carrera de Derecho por la UNED en septiembre para especializarse en extranjería.

Las cuatro hemos formado un microgrupo de autoayuda entre nosotras donde la una a la otra recurrimos para organizar algún tipo de “terapia” que nos ayude a asimilar la situación que estamos viviendo de la mejor forma posible y reduciendo los miedos que estamos adquiriendo (es complicado ser mujer de una persona cuya situación ya es difícil por el período migratorio que sufre, junto con su situación irregular, más las políticas y la sociedad que actúa en muchas ocasiones de forma discriminatoria, incluso me atrevo a decir xenófoba).

Sandra y Modou (su pareja) se casaron por lo civil en febrero pero aún no han conseguido los papeles para Modou ya que en una ocasión la policía acudió a la casa de ellos con un “papelito” que decían no saber lo qué era. Sandra y Modou firmaron este “papelito” creyendo que era para solucionar la cuestión de arraigo y después de unas semanas descubrieron que firmaron un trámite de expulsión de 5 años sin derecho a recurso.

Isa y Ams van a declararse pareja de hecho, e Isa evita que Ams esté mucho en la calle (ya que frecuentemente en Lavapiés la policía acude para pedir la documentación).

Pape y yo nos casamos por el rito del Islam, pero no es legítimo en nuestro código civil, por lo que para cuestiones legales somos simplemente “novios” y de momento tenemos que continuar así.

Pero lo que más nos preocupa es la situación de Bárbara. El jueves pasado, Bárbara y Yekini, acudieron a los juzgados de Plaza Castilla para resolver una cuestión, y cuando volvían en metro dos policías secretas les pararon en el mismo andén para pedirles la documentación.

Tras cuatro horas dialogando para llegar a un acuerdo y tras presentar su abogado todos los papeles que demuestran su arraigo, los policías se llevaron a Yekini ignorando la resignación y la angustia de Bárbara. Al día siguiente tuvo un juicio en el que le destinaron al CIE de Aluche (los 20 senegaleses juzgados en ese mismo juicio fueron a Aluche). Dos días más tarde, Bárbara aún no sabía nada de él y se acercó al CIE para intentar verlo.

Llegamos a las 14.27h porque de 15.00 a 19.00 son las visitas (cada visita de 7 minutos los fines de semana y de 20 minutos entre semana supuestamente). En la cola estaba también un chico joven dominicano y cuando llegó su turno, preguntó por su hermano y el policía con tono sarcástico le respondió “o en su país o en la calle”. Finalmente descubrimos que el hermano interno había sido deportado a Santo Domingo.

Conocimos otro caso, el de una madre, mayor ya, que acudía para ver a su hijo. Éste se resistió a su deportación (era la segunda vez que lo hacía), en esta ocasión la madre le llevaba una gran bolsa con mucha ropa (el hijo sería expulsado teniendo a su familia residiendo aquí en España). Por lo visto, el viernes salieron aviones destino Uruguay y República Dominicana. Normalmente las expulsiones se producen en martes y jueves.

Yo iba a ver a Ibu, otro chico interno de 19 años, y mientras esperábamos me metí en el bolsillo del pantalón un paquetito de caramelos Hall porque otro chico dentro estaba con gripe (y no dejan entregarles caramelos, ni ningún tipo de comida).

Mientras esperaba vi a una mujer, con los ojos rojos como el fuego y muy inflamados, respiraba angustiada y nos miraba transmitiendo mucha desesperación; también a mi lado, éstaba una mujer de origen dominicano fumando (muchas estábamos fumando), se acercó un policía y le dijo a la mujer que no se podía fumar (nosotras con cara de ironía preguntamos por qué no) y nos dijo que estaba prohibido y que nso teníamos que ir fuera del centro mientras podías ver perfectamente que el suelo estaba plagado de colillas.

Los baños para los visitantes son dos cabinas fuera del CIE cerca de unos cubos de basura, expuestos al sol y sin ningún tipo de higiene.

Me latía fuerte el corazón en la espera y por la cabeza me pasaba la angustia que viviría si mi pareja estuviese ahí dentro. Además de la tensión, hay cuestiones básicas que no son atendidas en el centro, por ejemplo, Yekini, lleva con la mano escayolada desde el lunes (antes de ingresar en el centro), y al entrar le quitaron la escayola. Ahora tiene la mano inflamada hasta el codo. Le dijeron a Bárbara que le están proporcionando antibiótico, pero ese “antibiótico” no son más que comprimidos de ibuprofeno y paracetamol.

A las 16.10 conseguimos entrar a ver a Ibu y a Yekini, en unas mesas individuales, divididas por una cristalera con una distancia entre visitante e interno de aproximádamente un metro y medio. Sólo permiten acercarse en la despedida, nada más. Las personas que llegan pronto llegan a estar media hora con los detenidos, pero a partir de las 16.00 empiezan a reducir, 15 minutos, 10 minutos, etc.

Lo positivo dentro de la situación de Yekini, es que el abogado está recurriendo y se ha solicitado el recurso de la cautelarísima, que consiste en pagar una multa, junto con otros dos administrativos de por medio previamente que en total son entre 800 y 1000 euros (Bárbara ha pagado 920 euros), este recurso, congela el proceso de expulsión poniéndose en su lugar una multa que lo que hace es que no se puede expulsar a la persona a su país de origen (incluso aunque fuese reconocido por la propia embajada), aunque es cierto que le pueden retener un máximo de 60 días dentro del centro. Si se lleva a cabo este recurso (cuya resolución lo lleva el contencioso administrativo) Yekini saldría a la calle.

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¿Y qué puedo hacer yo?

Puedes lee el informe sobre torturas en los Centros de Internamiento Voces desde y contra los CIE de Médicos del Mundo, SOS Racismo y Ferrocarril Clandestino.

Y ver el vídeo ¿Un Guantánamo en Madrid?

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