Contaminación y explotación laboral en el Sur: las espinas de las rosas de 'Sant Jordi'
¿Dónde y cómo se producen los millones de rosas que se venden en el Día del Libro, más conocido como Sant Jordi, en Cataluña? Quizá, la rosa que regalas esconde una historia de contaminación, desigualdades y explotación en Colombia, Ecuador o Kenya. Te contamos qué pasa y qué puedes hacer.
¿Y qué puedo hacer yo?
En el dia de ‘Sant Jordi’, antes de comprar, ¡pregunta de dónde vienen las rosas! Busca las que sean locales o las que tengan el sello de comercio justo.
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¿Dónde y cómo se producen los millones de rosas que se venden en el Día del Libro, más conocido por Sant Jordi, en Cataluña? Quizá, la rosa que regalas esconde una historia de contaminación, desigualdades y explotación en Colombia, Ecuador o Kenya. Te contamos qué pasa y qué puedes hacer.
Como es tradición, el Día del Libro en Cataluña es también día en que los hombres regalan rosas a las mujeres, y ellas, un libro. Quizá no lo notas, pero muchas de estas rosas regaladas por Sant Jordi huelen a explotación laboral, sequía, intoxicación y desigualdades en el Sur. Como mínimo, esta es la denuncia que realizan diversas ONG al llegar la fiesta, que protestan por los efectos que tiene en el Sur el cultivo de la mayoría de rosas que se consumen el 23 de Abril.
Más de la mitad de las rosas que se venden en Cataluña por la fiesta de Sant Jordi son importadas, mayoritariamente desde Colombia y Ecuador. Según la base de datos de Comercio Exterior, en el mes de Abril se llegan a importar hasta 132,300 kilos de rosas. En el 2006, la campaña No te comas el mundo aseguró que el 60% de los 5 millones y medio de rosas que se vendieron por Sant Jordi en Cataluña venían de fuera.
Cada vez más organizaciones reivindican que las rosas que se venden se produzcan de una forma socialmente justa y respetuosa con el medio ambiente. El año pasado, el agrupamiento ‘ Minyons i Escoltes de Catalunya ‘ alertaba de las agresiones a Colombia y Ecuador que el cultivo de flores podía provocar en materia laboral, social, medioambiental y sanitaria:
>> El medio ambiente resulta perjudicado ya que estas flores son cultivadas en invernaderos, método que requiere mucha agua. En Colombia, la floricultura consume tanta agua como una ciudad de 600,000 habitantes, acabando con los acuíferos naturales de la zona. Además, el modelo intensivo de floricultura para satisfacer nuestra demanda de rosas daña la fertilidad de las tierras, tratadas con productos agro-químicos.
Por otra parte, es preocupante la desorbitada cantidad de plástico utilizado en los invernaderos. Si se hiciera una cinta de 100m. de ancho con el plástico de las 7,000 hectáreas de invernaderos en Colombia, llegaría de Barcelona a Madrid. Tampoco tenemos que olvidar la enorme pisada ecológica que el transporte de los miles de quilos de rosas representa.
>> La situación laboral de los floricultores y floricultoras es altamente precaria. El 80% de las trabajadoras son mujeres, que a menudo son despedidas al quedar embarazadas, con una jornada laboral de 10 o 12 horas (sin contar las horas extras), con contratos de muy corta duración, con un sueldo que no llega ni a la mitad de la cesta básica y sin posibilidad de sindicarse. Las trabajadoras colombianas reciben sólo un 2,5% del precio de la rosa que aquí pagamos. En Kenya, en la floricultura se pagan salarios inferiores a 1 dólar por día en jornadas de 8 a 12 horas.
>> La salud de la población en general, a parte de la de los trabajadores, se ve alterada a causa de los agro-químicos, que llegan hasta las aguas y otras tierras y también alteran los ecosistemas. Las flores son el cultivo más tratado con agro-químicos en Colombia. Después están las patatas, con las que se utilizan 8 veces menos. Los trabajadores padecen migrañas, gastritis, alergias… y cada día se contabiliza una mediana de 5 intoxicados.
>> El cultivo de rosas contribuye a la expansión de los llamados monocultivos exportadores, los cuales perpetúan la estructura de un centro mundial económico y una periferia. Así, los países pobres se dedican a atender las demandas de consumo de los más desarrollados, desatendiendo las necesidades básicas de su propio país y alargando su falta de soberanía.
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1 comentario
Por: muvare el 19/04/10 14:34
No podemos dejar que una fiesta como la de Sant Jordi contribuya a perpetuar la precariedad laboral, el medio ambiente o la salud de los trabajadores de países como Colombia. Tenemos que ser responsables, comprobar que las rosas estén cultivadas cerca de nosotros o buscar alternativas. A mí ya me han regalado rosa, este año ha sido de papel y hecha a mano. Además de ser ecológica y económica, y de no perjudicar a nadie, tiene mucho más valor porque sabes que te la han hecho sólo para ti.
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