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Cooperación para ¿qué desarrollo?

Por: Xavier/Associació Udutama el 12/04/10 16:13
Tiempo estimado de lectura : 5 minutos
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El desarrollo sigue copando el centro del discurso político y económico en el ámbito de la cooperación con los países del Sur, Sin embargo, urge una revisión crítica de los supuestos implícitos al concepto de desarrollo. Udutama explica su visión.

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Cooperación para ¿qué desarrollo?

La foto es de Xavier Tió

El desarrollo sigue copando el centro del discurso político y económico en el ámbito de la cooperación con los países del Sur, Sin embargo, urge una revisión crítica de los supuestos implícitos al concepto de desarrollo. Udutama explica su visión.

Durante el último viaje a Tailandia para visitar a nuestros amigos Akha con los que colabora la asociación Udutama, en un remoto poblado al que se accede por una pista de tierra, me encontré con un grupo de cuatro catalanes y catalanas que se intentaban comunicar con unas jóvenes Akha en el interior de un pequeño almacén. Tras presentarnos y mostrar nuestras respectivas sorpresas por tan curiosa coincidencia, mis compatriotas me explicaron que estaban allí “enseñando a coser a estas mujeres”.

Mi confusión fue mayúscula. ¿Enseñando a coser? ¡Pero si estas mujeres hace siglos que cosen su propia ropa y la de sus familias, así como otras piezas textiles tales como unas bolsas con un colorista y característico trazado geométrico! Entonces vi unas máquinas de coser eléctricas y comprendí un poco más lo que pretendían. Luego me lo explicaron mejor: les enseñaban a coser a máquina porque querían aumentar la producción y además les pagaban un salario. Ellos después transportaban las piezas a España y las vendían en una tienda de artesanía. Por si quedaba poco clara su labor humanitaria, de vez en cuando, me contaron, llevaban en coche al hospital local a algún enfermo del poblado.

Hace un par de semanas, durante el descanso de un curso para asociaciones, mi compañera de mesa me explicó que trabajaba en una ONG de apadrinamiento y que en su primer viaje a Bolivia había quedado horrorizada por las condiciones de habitabilidad de las casas de la población local: ¡los suelos no tenían baldosas, los habitantes pisaban directamente la tierra en el interior de sus viviendas!

Estas dos anécdotas recientes ejemplifican, en mi opinión, un concepto de “desarrollo” etnocéntrico y paternalista que, lamentablemente, todavía es muy común en el mundo de la cooperación al desarrollo y que, puesto en práctica, resulta claramente perjudicial para el bienestar de las culturas locales del Sur, actualizando el pasado neocolonial y explotador de las metrópolis europeas, ahora disfrazado de humanidad y “ayuda al desarrollo”.

Se requiere un análisis crítico del concepto de desarrollo. Un enfoque desde la historia del lenguaje quizás nos ayude. El significado etimológico de “desarrollo” alude a un proceso por el cual algo se desenvuelve y despliega una forma “natural” que conservaba en potencia. El antropólogo Gustavo Esteva nos remite al antiguo Egipto para encontrar la primera articulación del concepto en la acción de “desarrollar un papiro”, o sea, desenvolverlo para darle su forma “original”. Es esta metáfora del proceso por el cual se adquiere una forma ya “prevista” la que pasa al lenguaje biológico para designar el crecimiento “natural” de plantas y animales y, en última instancia, del hombre. Es importante destacar que el desarrollo implica un cierta idea de “normalidad” y que procesos “degenerativos” como la enfermedad pueden frenar el desarrollo del ser vivo o desviarlo hacia un estado “anormal” de desarrollo, con toda la carga negativa asociada a este lenguaje.

Con el nacimiento de las ciencias sociales la metáfora se convierte en mito. El uso de nociones biológicas en el campo social naturaliza las relaciones sociales y culturales cerrando las puertas a cualquier otra interpretación o alternativa de forma de vida.

Así, el desarrollo de un pueblo o una sociedad denota el proceso evolutivo natural por el cual sus integrantes alcanzan el estadio superior que se espera que alcancen. Como no podría ser de otra manera, el estado superior es éste en el que se encuentra Occidente. Si las mujeres Akha no utilizan máquinas de coser y los agricultores bolivianos viven en casas de suelos sin baldosas es porque todavía no han alcanzado nuestro estado de desarrollo. Nuestro deber como cooperantes para el desarrollo sería, pues, ayudarles a evolucionar hacia donde nos encontramos nosotros, dotarles de nuestra tecnología , de nuestra medicina e integrarlos en el sistema laboral como asalariados dependientes, aunque el salario inicial que reciban esté por debajo del salario mínimo, como ocurría con las jóvenes Akha de mi experiencia.

Afortunadamente las crisis medioambientales y estructurales de los últimos años están poniendo a cada cual en su sitio. Y mientras en Occidente cada vez más voces empiezan a cuestionar la viabilidad del sistema económico capitalista y se habla ya de “decrecimiento”, como se comenta en otro artículo de este espacio web, numerosos estudios han puesto en evidencia la sostenibilidad de las formas de vida de muchas culturas del Sur, como las de los Akha de Tailandia o las del altiplano boliviano.

Pero las leyes y quienes las piensan van despacio y todavía nos obligan a inscribirnos como ONGs de desarrollo, si queremos optar a alguna ayuda pública, y a mostrar en nuestros estatutos que nuestros objetivos son la cooperación al desarrollo de algún remoto lugar del Sur. Accedemos porque peligra nuestra propia supervivencia pero cuando surge alguna oportunidad para expresar mejor lo que queremos, intentamos aprovecharla. Nosotros sólo entendemos el desarrollo como una mejora de las condiciones de vida de una comunidad siempre que esta mejora sea definida y puesta en práctica por la propia comunidad.

Los Akha son libres de utilizar máquinas de coser eléctricas o revitalizar sus prácticas de costura tradicionales, más artesanas, como ya han hecho en un proyecto. Pero han de ser ellos quienes elijan, y con toda la información sobre posibles riesgos y nuevas dependencias que cada opción implique. Bajo esta concepción un proyecto de desarrollo podría muy bien ser un proyecto de decrecimiento, aunque parezca una contradicción en los términos. Al mismo tiempo nosotros intentamos aprender de su ecológica concepción del mundo y de sus prácticas agrícolas y medicinales, basadas en su integración con el entorno natural.

Por cierto, la medicina tradicional Akha es muy rica y efectiva, pero se está perdiendo desde que entraron en contacto con la cultura thai. Si cuando están enfermos nos limitamos a llevarlos al hospital no hacemos más que aumentar su dependencia de una cultura ajena con un sistema de salud al que además tienen un acceso restringido.

Así es como nosotros podemos entender únicamente el desarrollo, como una mejora subjetivamente decidida por las dos culturas que cooperan basada en la ayuda mutua y en el intercambio de lo mejor que puede aportar cada una de ellas, siendo lo mejor en muchas ocasiones el simple reconocimiento y puesta en valor de la cultura del otro. Un intercambio de igual a igual y siendo siempre muy conscientes de que el otro ha sobrevivido en este mundo, casi siempre de una forma más sostenible que la nuestra, gracias a su conocimiento local y a sus prácticas culturales. Y donde no nos reclamen, mejor que no nos metamos, no sea que por nuestro etnocentrismo y nuestros aires de superioridad, nos carguemos una cultura o un ecosistema que podría ser vital para el futuro de todos.

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3 comentarios

Por: Javier Fortuny el 14/04/10 05:40

Lo que aparece en esta nota es en resumidas cuentas lo que se ve en la mayoría de los países del sur. Las políticas de desarrollo propuestas por los países centrales o del primer mundo nunca llegan a ser propuestas de esa índole para los países subdesarrollados. Nos destinan nada más que un papel secundario para poder mantener su poder y su nivel de vida. Aún si queremos imitar su nivel de desarrollo, dudo que lo logremos. Cada país tiene que encontrar su camino para llegar a ser un país desarrollado, entendiedno por desarrollo que los habitantes de un país tengan un nivel de vida digno y tengan acceso a todos los bienes que necesiten y que hagan a su calidad de vida. Las fórmulas, que tal vez funcionan para un país como España, seguramente no tendrán el mismo efecto en países de distintas latitudes, con distintas culturas e idiosincracias. Es necesario que se dejen de llevar a cabo medidas propuestas e ideas de países extranjeros a quienes, escondidos tras la máscara de los mesías del desarrollo, sólo les importa que nos mantengamos en el nivel que a ellos les parezca más favorable. Aquel nivel en el que pueden venir a fabricar tejidos y obtener ganacias en su propio país sin repartirlo. Pero esto depende también de nosotros, de los Países del Sur, imponiendo nuestras propias reglas y buscando nuestra propia conciencia que nos lleve a alcanzar el objetivo del desarrollo.

Por: ROSANA GAITAN el 13/04/10 14:22

Se necesita con urgencia redefinir el concepto de Desarrollo.
Por Desarrollo debería entenderse un cambio concreto en la situación económica de la mitad màs pobre de la población en una sociedad determinada, si la ayuda no consigue mejorar las condiciones económicas de esta franja de la población, no se debería hablar de desarrollo . Tambièn cada paìs deberìa tener su propia definiciòn de pobreza, estas definiciones deben ser precisas y desprovistas de ambiguedades.
No necesitamos un Estado asistencialista, necesitamos un Estado que desarrolle estrategias para que la gente tenga calidad y no solo cantidad.
En la Declaraciòn Universal de los Derechos Humanos se señala que “toda persona tiene derecho a un nivel de vida suficiente para asegurar su salud, su bienestar y el de su familia, en particular en lo que respecta a la alimentación, vestimenta, alojamiento, salud, y servicios sociales necesarios, tiene derecho a la seguridad en caso de cesantía, de enfermedad, de invalidez, de viudez, de vejez o en casos de pèrdida de los medios de subsistencia debido a circunstancias ajenas a sus voluntad”
La Declaración pide además, que los Estados aseguren “el reconocimiento y la aplicación efectiva” de estos derechos.
No se es pobre, en la mayoría de los casos, por pereza o estupidez, sino por una deficiencia en la estructura financiera.
Es importante saber que los conocimientos que se tienen de los individuos y las interacciones que existen entre ellos son todavía muy imperfectos, luego, que cada individuo es importante. Toda persona posee un enorme potencial y puede influir la vida de los otros en comunidades y naciones a lo largo de su existencia.Si no se genera un marco favorable para el desarrollo de nuestros potenciales, no sabremos nunca de lo que somos capaces los seres humanos.

La falta de oportunidades hace que los individuos no puedan bucear en la búsqueda de sus oportunidades ya que no se les brinda un entorno favorable para ello.

Es importante saber hacia donde nos queremos dirigir.
Los lineamientos económicos actuales no contemplan a los màs desposeìdos. Es preciso un mayor acercamiento con los pobres para asì, poder entender la economìa de la vida real, En muchas ocasiones los menos favorecidos no encuentran una salida digna a sus necesidades ya que la falta de oportunidades hace que se establezca un circulo vicioso econòmico .

Por: Cinthia Olivera el 13/04/10 04:43

Enseñame a pescar en vez de darme caviar:

Coincido con la noción de desarrollo y la necesidad de redefinirla en las políticas actuales: las mismas no deben potenciar el caracter de dependencia de los paises pobres a los que otorgan el beneficio, sino que deben proponer una paulatina autonomía a los países beneficiados por las ayudas. Y esto se legitima si se analiza la historia no muy lejana de la mayoría de estos países subdesarrollados: cuando pudieron desligarse de los lazos coloniales del pasado y reivindicar su valores e iniciativas que buscaban revertir las condiciones de pobreza y atraso generadas por el dominio colonial; una nueva hegemonía los aplastó y aplanó.
Y en este tema agrego una palabra que, personalmente, me provoca sentimientos encontrados: “asistencialismo”. Una vez que se definió quiénes amasarían la torta, y quiénes la comerían; comenzó una movida de humanidad y ayuda al desarrollo como bien es definida en esta nota. Pero este asistencialismo sólo reforzó lo que ya era: los pobres, o los “países en vías de desarrollo” se encontraron totalmente dependientes de la limosna que los ricos daban para callar la conciencia y mostrar lo buenos que son.
Propongo, a modo de cierre y para apoyar al autor, revisar y redefinir qué consideramos cuando hablamos de impulsar el desarrollo: o bien podemos mantener con comida la boca de los pobres para que no se quejen, acentuando un modelo hasta ahora (aunque moribundo, quizás) vigente. O bien se pueden plantear verdaderas políticas que contribuyan a la industrialización y desarrollo tecnológico de los países más atrasados; asi como la educación y capacitación de las personas, elemento fundamental para no quedar fuera del paradigma de la globalización.

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