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Cuatro experiencias de cómo comunidades locales se organizan por sus derechos en América Latina

Por: Redacció el 12/01/07 16:15
Tiempo estimado de lectura : 4 minutos
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Desde hace años, en Guatemala, Chiapas, el Salvador y Nicaragua funcionan experiencias organizativas que han surgido de la población y que, a pesar de las dificultades, han alcanzado éxitos importantes. REDS las recoge en un libro.

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Cuatro experiencias de cómo comunidades locales se organizan por sus derechos en América Latina

Foto: www.redeuropea.org

Con 17 años, Rosa aspira a acabar sus estudios de secundaria y capacitarse para ser promotora de salud para apoyar a su comunidad, en Guatemala. De conseguirlo, sería una de las pocas mujeres ixil que en los últimos años ha conseguido formarse y acceder a un puesto de responsabilidad.

Si Rosa y otros jóvenes pueden hoy ir a la escuela en Guatemala es gracias a los esfuerzos que durante años han hecho sus padres y abuelos en torno a las llamadas Comunidades de Población de Resistencia de la Sierra. Estas organizaciones se formaron durante los años 80, en la sierra de Chamá, al norte del Quiché de Guatemala. En su huída del acoso por parte del Ejército, la población ixil de la zona se instaló en las montañas y desarrolló un modelo organizativo que se preocupaba por que toda la comunidad tuviera sus necesidades básicas cubiertas. De esta manera se formaron maestros y promotores de salud que hoy tienen su formación reconocida por el Gobierno del país.

El caso de las Comunidades de Población de Resistencia es una de las experiencias que recoge el libro El ruido de la milpa. Lucha y organización en Chiapas, El Salvador, Guatemala y Nicaragua, una publicación que la organización Red Europea de Diálogo Social (REDS) acaba de sacar a la luz para destacar experiencias organizativas en países del sur y que tienen a la población local como protagonistas. Se trata de “experiencias de las que podemos aprender mucho. Y aprender, sobre todo, dignidad”, explican desde REDS.

Aunque ya hace diez años de los acuerdos de paz en Guatemala y hace tiempo que las Comunidades de Población de Resistencia dejaron las montañas y se asentaron en otros lugares, su experiencia organizativa de base todavía continua. En la actualidad, cerca de 1.700 familias forman parte de estas organizaciones, trabajan para alcanzar nuevos derechos como la igualdad de la mujer e intentan sostener un modelo de vida que no excluya a nadie. Todo eso en un país que, aunque ya no sufre la guerra civil, todavía tiene muchos retos para superar la violencia.

En un contexto similar se organiza también desde hace años pero en El Salvador la población de la comunidad Segundo Montes. La guerra que vivió este país hace veinte años obligó a miles de personas a desplazarse de sus pueblos e instalarse en campamentos en Honduras. Fue allá, en el campamento de Colomoncagua, donde surgió la experiencia de la comunidad Segundo Montes y su modelo de organización, basado en la cooperación entre toda la comunidad para asegurar que todo el mundo tuviera sus necesidades cubiertas.

Años después, la iniciativa ha pasado por altos y bajos y, ubicada en el departamento salvadoreño de Morazán, se enfrenta al reto de superar la pobreza extrema que padecen muchas personas de la comunidad y lucha por recuperar la confianza de la población y rehacer el tejido organizativo. Para ello cuenta con varios éxitos, como la creación de 450 microempresas rurales de varios sectores, la participación de 230 mujeres en grupos de trabajo sobre derechos humanos y género y el hecho de ser referente para otras comunidades de la región.

Iniciativas locales con apoyo exterior

Tanto en la experiencia de Segundo Montes como en las Comunidades de Población de Resistencia, la población local se ha organizado para dar respuesta a sus necesidades a pesar de las reticencias de sus gobiernos. Eso mismo han hecho también decenas de colectivos, grupos locales y cooperativas campesinas de Nicaragua con la puesta en marcha del programa De Campesino a campesino. A través de este movimiento, miles de campesinos han intercambiado conocimientos y han trabajado para conseguir una agricultura sostenible que mejore la producción, la economía y la alimentación de sus familias.

Con el tiempo, en algunos casos como en la comunidad Segundo Montes, ONG internacionales se han animado a apoyar procesos organizativos que surgen de la sociedad civil en el sur. En Guatemala, la comunidad Segundo Montes cuenta con el apoyo de entidades como Cinco Continentes, una organización catalana.

En otros lugares como el Municipio del Trabajo, en el Estado mexicano de Chiapas, han apostado por hermanarse con comunidades de otros países, como el municipio de La Garriga (Barcelona). Este hermanamiento ha servido para sensibilizar a parte de la sociedad catalana de la realidad en Chiapas y de las alternativas que ofrecen organizaciones como la zapatista para denunciar las violaciones de derechos humanos en la región y organizarse de una manera más inclusiva.


REDS es una entidad que desde hace siete años trabaja en colaboración con otras entidades para apoyar proyectos relacionados con la lucha contra la exclusión social, la interculturalidad y la educación por la paz. Su libro ‘El ruido de la milpa’ es el segundo de la colección Camino del Sur.

Más información:
El libro El ruido de la milpa puede descargarse en la página web de Red Europea de Diálogo Social

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