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De súbditos a ciudadanos, la gran transición

Por: CCS el 26/02/10 11:20
Tiempo estimado de lectura : 4 minutos
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La educación es la base de la participación, sin la cual no puede haber democracia genuina. Sólo pueblos educados y que participan podrán responder como faros y vigías ante tantas injusticias.

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De súbditos a ciudadanos, la gran transición

La foto es de Creativity+ Timothy K Hamilton

¿Y qué puedo hacer yo?

Una buena manera de implicarnos en la sociedad es a través del voluntariado. Puedes encontrar oportunidades en tu ciudad o provincia a través de hacesfalta.org.

La educación es la base de la participación, sin la cual no puede haber democracia genuina. Sólo pueblos educados y que participan podrán responder como faros y vigías ante tantas injusticias.

La solución a los gravísimos desafíos que enfrentamos es más democracia, mejor democracia. Y ello exige participación y conocimiento de la realidad que se dan en los “educados”, es decir, los que actúan en virtud de sus propias reflexiones y nunca al dictado de nadie. Educación, según Francisco Giner de los Ríos, es “dirigir con sentido la propia vida”. Tener las alas sin lastres para volar a contraviento, para plantar, aun en tiempo desapacible, semillas de futuro, para avizorar el porvenir, para procurarlo menos sombrío.

La Constitución de la UNESCO establece que el resultado del proceso educativo deben ser personas “libres y responsables”. Educación para todos a lo largo de toda la vida. Y todos es muy “peligroso”, porque los educados no permanecerán impasibles, resignados, sometidos. No permanecerán silenciosos ni silenciados. Expresarán sus puntos de vista.

La educación es la solución. No hay democracia genuina si no se participa, si los gobernantes y parlamentarios no son, de verdad, la “voz del pueblo”. Educación, pues, para la ciudadanía mundial, teniendo presente la Declaración Universal: “La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público”.

Hoy se premia a quien mayor esplendor mediático aporta; se promueve a deportistas, escuderías con desmesuradas cantidades; se patrocinan acontecimientos según las compensaciones previsibles…, y los ciudadanos siguen como espectadores los espectáculos que se les presentan.

Tan acomodados llegan a sentirse como espectadores, que pueden conocer sin inmutarse noticias sobre corrupción, asimetrías intolerables, hambre o niños-soldado.

Para movilizarse, para involucrarse es imprescindible reflexionar. En la Declaración Universal de los Derechos Humanos se dice que su ejercicio liberará a la humanidad del “miedo y de la miseria”. La historia de la humanidad va unida al temor: temor al poder, temor a los dioses, en lugar de amor. Es preciso vencer al miedo con la palabra.

Es esencial “escuchar” el mundo. Observarlo, que es mucho más que verlo y que mirarlo. Tener esta visión planetaria, esta consciencia del conjunto de la humanidad, que es lo que nos permitirá reaccionar sin esperar a tsunamis que nos emocionen y nos pongan en marcha.

Junto a la degradación medioambiental, la marginación de valores ha conducido a la deshumanización y a una competición en la que todo vale, que busca afanosamente, sea cual sea el precio social y las condiciones laborales, la producción menos costosa. China, la fábrica del mundo, ha resultado ser el país comunista-capitalista que todos cortejan. Pero 1.300 millones de habitantes son muchos millones para imaginar indefinidamente la sumisión.

Los plutócratas han pretendido convertir el mundo en un gran zoco donde todo se objeto de mercado, empezando por la gente.

Los responsables de las crisis presentes (social, económica, medioambiental, alimenticia) pretenderán retomar el volante. Controlan las finanzas, ocupan altas posiciones públicas y manipulan los medios de comunicación. Pero es posible que la movilización ciudadana, la resistencia manifiesta, lo impidan.

Los poderosos no contaban con la “revolución virtual”. La capacidad de participación por telefonía móvil, SMS, Internet modificará los actuales procedimientos de consulta y elecciones, la democracia.

La decepción ciudadana ante la incapacidad de los Estados para realizar los Objetivos del Milenio y hacer frente a las responsabilidades que supone el cambio climático, ha ido acompañada de la indignación por el “rescate” de las corporaciones financieras, responsables de la grave situación que encaramos.

Es indispensable un multilateralismo eficiente, con instituciones internacionales dotadas de los medios necesarios.

Se terminaría con los tráficos y mafias, hoy en la mayor impunidad gracias a los paraísos fiscales, que deberían ser clausurados de inmediato, ya que a ellos se debe en gran parte la proliferación de corruptos y corruptores.

Unas Naciones Unidas que favorezcan la rápida interposición de los Cascos Azules cuando tienen lugar, al amparo de la “soberanía nacional”, violaciones masivas de los derechos humanos cuando el país se halla en manos de unos “señores de la guerra”.

La transición de una economía especulativa, virtual y de guerra (3.000 millones al día en gastos militares al tiempo que mueren de hambre más de 60.000 personas) a una economía de desarrollo sostenible global, que amplíe el número de personas que pueden acceder a los servicios y bienes.

Las instituciones académicas y científicas, de intelectuales, artistas, creadores, están llamadas a liderar el cambio de época, la “rebelión” orteguiana para que sea realidad lo que establece la Carta de la ONU: “Nosotros, los pueblos”... Los pueblos no pueden permanecer como testigos impasibles. Deben ser faro y vigía.

¡Ahora es el momento de la sociedad civil! De la fuerza a la palabra, al encuentro, a la conciliación. De súbditos a ciudadanos, la gran transición.

Federico Mayor Zaragoza. Presidente de la Fundación Cultura de Paz y ex Director General de la UNESCO

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Por ejemplo: ideas solidarias, subvenciones ONG, voluntariado en Haití.

2 comentarios

Por: CCS el 02/03/10 12:54

A nosotros nos ha encantado tu comentario. La contraposiciones de razonable v. racionalista, justo v. legalista… son buenísimas.

Por: heliospa el 02/03/10 08:49

Me ha encantado este artículo. “Educación es es ‘dirigir con sentido la propia vida’”. Y dirigir implica sentir, pensar, creer, saber, conocer, querer, poder, amar, crear, buscar, cambiar, volver, partir, convivir, relacionarse, pertenecer, necesitar, afirmar, discernir, escuchar y aceptar.
Me ha gustado mucho leer en este texto múltiples y complejos flujos de las historias que crean nuestra historia y un tono crítico pero esperanzado, que da pistas acerca de aquello que puede echar luz sobre nuestros asuntos: una educación para la libertad y para la responsabilidad.
Lo curioso es que actualmente estos dos términos aparecen casi siempre como opuestos en nuestra escala de valores. La reconciliación de ambas nociones en nuestras vidas es probablemente el comienzo del camino hacia un mundo más razonable y menos racionalista, más justo y menos legalista, más equitativo y menos uniformado, más personal y menos individualista.

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