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El mal de Chagas, una enfermedad de pobres olvidada

Por: Redacció el 14/04/05 11:30
Tiempo estimado de lectura : 3 minutos
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Según Médicos Sin Fronteras, 18 millones de personas son portadoras del virus y provoca 43.000 muertes al año en América Latina. Dada la escasa voluntad de los Gobiernos, esta enfermedad se ha extendido desde EEUU hasta Tierra de Fuego.

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El mal de Chagas, una enfermedad de pobres olvidada

Imagen de la web de la Organización Panamericana de Salud

La vinchuca o chinche selvático, también conocido por los doctores y científicos como “triotoma”, es un minúsculo insecto de tres milímetros de longitud, que vive de noche y se alimenta de la sangre de hombres y animales.

Su existencia y la de la enfermedad que transmite, el mal de Chagas, fue descubierta hace casi un siglo (1909) por el doctor que le da nombre, Carlos Chagas, ante la suspicacia y la desconfianza de la comunidad internacional.

En la actualidad, según Médicos Sin Fronteras, esta enfermedad mata a 43.000 personas al año en América Latina y se ha convertido en una endemia en importantes zonas del continente. Además, 18 millones de personas son portadoras del virus.


Conocida como la hermana pequeña de la malaria, el mal de Chagas es una enfermedad parasitaria transmitida por las deyecciones del triotoma cuando pica sobre la piel de un ser humano. Esta vía es la responsable del 80 por ciento de las infecciones.


En caso de desarrollarse, la enfermedad ataca a los órganos vitales del cuerpo infectado (corazón, intestinos o sistema nervioso) y provoca, entre quienes la sufren en grado agudo o crónico, lesiones invalidantes y un lento deterioro que conduce a la muerte. Una quinta parte de los afectados muere prematuramente por alguna dolencia (generalmente cardiaca) relacionada con la enfermedad de Chagas.

Sin embargo, casi un siglo después de haber sido descubierta, en la mayoría de los casos la enfermedad sigue sin ser diagnosticada. Esto supone un problema adicional puesto que los dos medicamentos que existen (el nifutimox y el benznidozol) son eficaces sobre todo durante los primeros años de la enfermedad, y aun así se han quedado obsoletos.


Dada la falta de prevención y la escasa voluntad de los gobiernos por acabar con esta enfermedad, el mal de Chagas se ha extendido desde Estados Unidos hasta Tierra de Fuego. Sin embargo, su propagación es desigual y sólo en determinadas regiones de ciertos países la enfermedad ha alcanzado el grado de endémica.

Así ocurre, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en regiones de El Salvador, México, Guatemala, Honduras, Costa Rica, Panamá, Venezuela, Colombia, Perú, Ecuador y Paraguay.


Pero la enfermedad está especialmente presente en el Cono Sur. Según la Iniciativa del Cono Sur para controlar y eliminar la Enfermedad de Chagas (INCOSUR-Chagas), 50 millones de habitantes de esta región están expuestos a la enfermedad y seis millones están infectados. Destacan Argentina (2 millones de portadores de la enfermedad), Brasil (1,9) y Bolivia (1,3 millones).

En el país andino la situación es especialmente grave: según el Ministerio de Salud y Prevención Social, la enfermedad de Chagas es responsable del 13 por ciento de las defunciones de las personas entre 15 y 75 años; 3,5 millones de personas–casi la mitad de la población boliviana–están en riesgo de contraer la enfermedad; y 300.000 niños menores de 12 años están ya infectados.



A pesar de su gravedad, de las decenas de miles de muertos al año por el mal de Chagas, del conocimiento que se tiene de la enfermedad, de lo sencillo que es encontrar medicinas que lo curen, del hecho de que esté localizado el agente que la produce y de los esfuerzos de ciertas iniciativas regionales y de la Organización Mundial de la Salud, por el momento la batalla se pierde.

El mal de Chagas se ha convertido en una enfermedad de pobres, en una enfermedad que dura ya un siglo, que no interesa diagnosticar porque es más rentable hacer como si no existiese. Y, como decía el escritor uruguayo Eduardo Galeano respecto a las enfermedades, el mal de Chagas “no estalla como las bombas, ni suena como los tiros. Como el hambre, mata callando. Como el hambre, mata a los callados: a los que viven condenados al silencio y mueren condenados al olvido”.

Más información:

Información sobre la enfermedad de Chagas de la Organización Panamericana de Salud


Canal Solidario-OneWorld, 2005

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