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El taller "Educador@s con dos orillas" promueve herramientas para la educación en convivencia

Por: Redacció el 11/10/05 15:24
Tiempo estimado de lectura : 3 minutos

Los alumnos del taller, durante una dinámica de grupo / OB

Bailan, juegan, ríen, se conocen y debaten sobre sus problemas. Los educadores se convierten en alumnos en el taller “Educador@s con dos orillas” para aprender a enseñar a sus propios pupilos cómo resolver conflictos de forma pacífica.

Los participantes son educadores de niños, jóvenes, personas mayores, menores que residen en casas de acogida o mujeres. Pero sus alumnos tienen algo en común: todos ellos viven diariamente el fenómeno de la inmigración.

La iniciativa es parte del proyecto EQUAL “Madrid entre dos orillas”. En él, a través de sesiones prácticas, juegos, intercambio experiencias, simulación de casos y expresión corporal, se aprende a crear y unir grupos y trabajar para la convivencia.

El proyecto incluye ponencias teóricas sobre el proceso socioafectivo, herramientas metodológicas, el impacto de la inmigración en la educación y la familia y experiencias de mediación, entre otros.

Renovar la enseñanza

“Nuestro objetivo es ofrecer herramientas metodológicas aplicables a distintos contextos educativos y sociales plurales desde distintas disciplinas con un enfoque teórico y práctico que se complemente”, apunta Araceli Burillo Redondo, una de las responsables del taller.

Esta pedagoga explica que el fenómeno de la inmigración ha sido tan enorme estos últimos cinco años que los colegios demandan estas herramientas: “La inmigración incide en el proceso educativo y los profesores no saben cómo abordar los nuevos conflictos”.

Algo que ocurre, por ejemplo, en el colegio del barrio madrileño de Vallecas donde trabaja Ana Jiménez, alumna del taller. “Sólo el 2% de mis alumnos son españoles”, comenta ella.

Su tarea consiste en coordinar los grupos en el comedor, pero confiesa que a veces le faltan ideas para ayudarles a solucionar los conflictos que surgen entre los pequeños: “Son niños que pasan mucho tiempo en la calle porque sus padres trabajan muchas horas. Los niños se acostumbran a lo que ven en la calle y en el barrio hay bastante violencia”.

Pero el problema puede aumentar con otros grupos con aún menos recursos. Mauro Castillo es de Perú y también asiste al taller. Menores rumanos, marroquíes, españoles, ecuatorianos o colombianos residen en el centro de acogida donde trabaja, que recibe a chicos y chicas huérfanos, maltratados, hijos de personas presas o de personas con alguna adicción que les impide criarles.

“Se identifican por grupos según la nacionalidad –explica Castillo-. Incluso a veces entran en competencia para dominar a los demás”.

La estrategia de este educador consiste en aplicar la prevención: observarles a medida que crean los grupos y tomar medidas antes de que ocurra el problema. “Hay que estar permanentemente con ellos, que perciban que les tienes en cuenta y que no pueden hacer todo lo que deseen”, aconseja Mauro Castillo.

Las dos orillas

Como él, Isabel Vinueza también es una educadora con doble orilla. No sólo porque sus alumnos pertenecen a varias culturas, sino porque ella misma tampoco es española. No suele mencionar de qué país procede porque cree que cada persona pertenece al lugar donde se encuentra: “He vivido la inmigración y me gusta la diferencia”, afirma.

Vinueza trabaja en talleres con jóvenes y adultos en ayuntamientos. Critica que la demanda de educación intercultural se suela limitar a las aulas donde hay mayoría inmigrante: “Se debe trabajar también con los autóctonos de cada país”.

Esta educadora tiene un ángulo particular para observar el trabajo con la integración: “El trabajo en interculturalidad no sirve sólo cuando trabajas con los inmigrantes, se basa en el conocimiento del otro. Tiene que ser un esfuerzo mutuo”, explica y añade: “Además, ¿por qué ver las diferencias en el otro y no las nuestras propias?”.

En su opinión, al darles a conocer a inmigrantes y a autóctonos las culturas, perciben sus prejuicios y pierden el miedo. Por eso la educación conduce a la convivencia.

Más información:

Madrid Entre Dos Orillas

Canal Solidario-OneWorld España, 2005

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