Grupos y cooperativas de consumo agroecológico: ¿comer bien o activismo?
La multiplicación de grupos y cooperativas de consumo agroecológico plantea una serie de oportunidades, pero el desarrollo llevado a cabo hasta el momento también pone de relieve una serie de límites.
La multiplicación de grupos y cooperativas de consumo agroecológico plantea una serie de oportunidades, pero el desarrollo llevado a cabo hasta el momento también pone de relieve una serie de límites.
a) “Comer bien” versus activismo político. En muchos de los grupos de consumo encontramos, a grandes rasgos, dos sensibilidades. Por un lado, sectores interesados en “comer bien” y con poca trayectoria activista y por el otro personas que provienen de movimientos sociales y que ven los grupos de consumo como espacios políticos y de militancia. El equilibrio entre estas dos sensibilidades no es siempre fácil e implica de debates a fondo sobre los principios y objetivos del grupo, a la vez que los sectores más activistas no siempre comparten unos mismos criterios, por ejemplo en relación al consumo de carne.
Pero si consideramos a los grupos de consumo como un instrumento de transformación político y social, con voluntad de oponerse a un determinado modelo de producción y distribución en manos de la industria agroalimentaria, la perspectiva de acción política colectiva es fundamental. Una opción que sólo busque el “comer bien” fácilmente puede ser cooptada por un discurso y una práctica capitalista verde. En Catalunya, por ejemplo, han surgido los supermercados Veritas que venden productos certificados como ecológicos, pero donde lo mismo da si una manzana es africana que catalana siempre y cuando esté certificada. En éstos, los criterios de proximidad, derechos laborales, etc., no distan mucho de los de la gran distribución.
Las potencialidades de esta acción política colectiva se pusieron de manifiesto, en Cataluña, en la recogida de más de cien mil firmas a favor de una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) contra los transgénicos promovida por la Plataforma Som lo que Sembrem. Aunque ésta finalmente fue tumbada en el Parlamento Catalán en julio del 2009. Pero es fundamental concienciar a aquellos sectores menos politizados que si queremos “comer bien” esto implica necesariamente una acción política. En el caso de los transgénicos está muy claro. Si no se prohíbe su cultivo (en el que el Estado español es abanderado en Europa cultivando incluso variedades prohibidas en otros países) habrá día en que toda la agricultura, tanto ecológica como convencional, será transgénica, fruto de los procesos de contaminación de esta última. O paramos los transgénicos, y para hacerlo tenemos que salir a la calle, o ya podemos decir adiós al consumo ecológico.
b) ¿Una gestión y participación que nos paraliza? Pero el día a día de buena parte de estos grupos de consumo acaba centrándose en tareas cotidianas de gestión: contabilidad, pedidos, limpieza, control de stocks…, que restan tiempo y esfuerzo a una acción y a un debate político más allá del consumo. Asimismo, la disponibilidad de tiempo que requieren provoca, por un lado, una alta rotatividad entre sus miembros, que les resta fuerza y capacidad de consolidación (muchas personas al no poder seguir el ritmo abandonan el grupo), y, por el otro lado, hace que personas o activistas, con poca disponibilidad horaria, no puedan participar.
Para dar respuesta a estos problemas, algunos grupos y cooperativas han optado por profesionalizarse y contar con personal contratado para realizar determinadas tareas de gestión, pero esto, a menudo, les ha restado implicación de una parte importante de sus socios. Aunque la participación activa en aquellos grupos que sólo cuentan con voluntarios tampoco está asegurada ni es muy elevada.
Otro elemento a tener en cuenta en el funcionamiento de estas experiencias, principalmente en las que no cuentan con personal contratado, es la gran cantidad de tiempo que requieren los procesos de toma de decisiones, con múltiples reuniones de trabajo y largas asambleas, que pueden generar frustración y parálisis en la propia organización. Si bien buscar la participación activa de la mayor parte de los miembros es fundamental para contar con organizaciones vivas y saludables, también es clave distinguir entre aquellos temas que requieren debates profundos y a largo plazo de los que tienen un carácter más bien técnico. De lo contrario, la “participación” puede quedar relegada tan solo a quienes cuentan con más tiempo y disponibilidad y acabar excluyendo a una parte importante de los socios.
c) La cooperativa como fin o como instrumento. También es necesario reflexionar acerca del valor estratégico que algunos de sus miembros dan a estos grupos como instrumento de transformación. Aunque estas experiencias tienen un valor simbólico importante, demostrando que es posible llevar a cabo otro modelo de consumo, éstas no pueden ser un fin en si mismas y no podemos considerar que su mera generalización nos conducirá a un cambio de modelo y de sociedad. La realidad en que vivimos requiere de cambios profundos en multitud de ámbitos.
Las cooperativas y los grupos de consumo son una pieza más de un complejo engranaje para transformar el actual modelo político, económico y social. Éstas tienen que aliarse con otros actores sociales (campesinos, trabajadores, mujeres, ecologistas, ganaderos, pescadores…) para cambiar el actual modelo agroalimentario, pero a la vez deben de ir más allá y unirse a otros colectivos, participar en otros espacios (foros sociales, contra-cumbres, campañas contra la crisis, plataformas amplias…) para colectivamente conseguir anteponer un paradigma político que ponga en su centro a las personas y al planeta.
La lógica capitalista que impera en el actual modelo agrícola y alimentario es la misma que afecta a otros ámbitos de nuestras vidas: la privatización de los servicios públicos, la especulación con el territorio y la vivienda, la deslocalización empresarial, la precariedad laboral, etc. Cambiar este sistema agroalimentario implica un cambio radical de paradigma y la crisis múltiple del capitalismo en la que estamos inmersos (financiera, climática, social, política, alimentaria, energética) lo pone claramente de manifiesto.
d) Una relación igualitaria entre consumidor y campesinado. Hay que señalar también qué tipo de relaciones se establecen entre consumidores y campesinos/productores y qué intereses tienen unos y otros. Del mismo modo que hay que rechazar una relación puramente mercantil entre ambos, no es positivo tampoco caer en una mistificación de la práctica campesina ni de aquellos que la ejercen. Los grupos y cooperativas de consumo tienen unas necesidades específicas de consumo (rutinas en su funcionamiento, oferta amplia, calidad de los productos…) que a veces pueden no casar con los del campesinado (producción limitada, varios clientes, rutas de reparto…). Debemos de considerar estas “tensiones” como naturales entre actores que juegan roles distintos. Los consumidores tienen que ser conscientes que consumir de “otro modo” implica adaptarse a las características de un determinado modelo de producción agroecológica y los campesinos tienen que aceptar unas rutinas y prácticas organizativas. Lo que es fundamental es que estas relaciones se establezcan de igual a igual, en base a la confianza y el conocimiento mutuo, rompiendo con una práctica y una lógica mercantil.
e) Crecer, ser viables y mantener unos principios. Uno de los retos actuales de los grupos y cooperativas de consumo es cómo llegar a más gente pero manteniendo unos principios ideológicos claros. Varios son los problemas que se plantean. Por un lado, el considerable aumento de estas experiencias, por ejemplo, en Catalunya ha generado algunos problemas de suministro. La demanda crece pero el porcentaje de personas que trabajan en el campo, y desde una perspectiva agroecológica, no lo hace al mismo ritmo. El Estado español es uno de los países con más producción ecológica de Europa, pero la mayoría de ésta se destina a la exportación. Además, asistimos a una creciente descampesinización del mundo rural, el empobrecimiento del campesinado es cada vez mayor, situación que deja nuestras necesidades alimenticias en manos de la industria. Sin un mundo rural vivo, nuestra seguridad alimentaria está gravemente amenazada. Es fundamental una perspectiva de solidaridad campo-ciudad.
Por otro lado, ¿cómo llegar a más gente manteniendo unos criterios de ruptura con el modelo agroalimentario actual? Varios son los grupos y las cooperativas de consumo que dicen no querer crecer y mantenerse en un número determinado de miembros que permita su viabilidad. Pero, si queremos cambiar el actual orden de cosas es fundamental llegar a más gente. ¿Cómo hacerlo? Es aquí donde se plantean opciones y debates como la contratación de personal que realice algunas tareas logísticas. Para algunos, esto significa no respetar el modelo, para otros la única manera de ir más allá. Lo que es importante es que, de un modo u otro, se mantengan unos determinados criterios políticos vinculados a la soberanía alimentaria y a la agroecología. Un grupo de consumo que sólo funcione con personas voluntarias no es inmune a adoptar criterios de compra totalmente laxos en lo que respecta a los principios agroecológicos y una experiencia profesional puede funcionar con unos criterios políticos muy claros y además insertarse en el marco de la economía cooperativa y solidaria, reivindicando que otra economía y que otra práctica comercial es posible, como pasa con experiencias como Arbore en Galicia o la Xarxa de Consum Solidari en Catalunya, por citar algunas.
Otro elemento a tener en cuenta al analizar el auge de estas experiencias es la capacidad de coordinación entre las mismas. En los territorios con un mayor número de grupos y cooperativas de consumo se han consolidado coordinadoras y federaciones que cumplen este papel, pero que, mayoritariamente, sólo reúnen a una parte de estas iniciativas, mientras que muchas otras quedan fuera. El gran reto está en hacer que estos instrumentos de coordinación sean realmente útiles.
Asimismo, tenemos que plantearnos de qué marcos nos dotamos para una mayor coordinación entre los grupos de consumo y otros actores que trabajan en la misma dirección. Algunas cooperativas ya incluyen a consumidores y a productores, pero muchas otras no. Para mejorar el contacto entre ambos, se están lanzando iniciativas que permitan coordinar a aquellos que consumen con quienes trabajan la tierra. Se trata de experiencias como La Repera en Catalunya o La Rehuerta en Madrid.
En un sentido más amplio existe Plataforma Rural, un espacio donde se encuentran organizaciones campesinas, ecologistas, ONGs, cristianos de base, consumidores, comercio justo… con el objetivo de trabajar por un mundo rural vivo y que en encuentros celebrados cada dos años acuerdan líneas de trabajo y acciones a favor de la soberanía alimentaria, contra los transgénicos, de denuncia de la Política Agrícola Comunitaria (PAC), etc.
Precisamente, en el último encuentro, en el 6º Foro por un Mundo Rural Vivo, en Andorra (Teruel) se aprobó lanzar un proceso de construcción de redes a favor de la soberanía alimentaria desde lo local, que se le ha llamado Alianza por la Soberanía Alimentaria de los Pueblos. Y es aquí donde campesinos y consumidores tienen mucho que decir, junto con otros actores. Este proceso ya está en marcha en varios territorios (Madrid, Andalucía, Galicia, País Valencià, Euskadi, Cataluña, Castilla-La Mancha…) y puede ser una muy buena oportunidad para fortalecer alianzas e ir más allá en la defensa de la soberanía alimentaria aunando a varios colectivos y creando redes con otras campañas y plataformas.
La alimentación es algo que nos atañe a todos. Pero “comer bien” implica cambiar el actual modelo agroalimentario industrial y para hacerlo hay una premisa imprescindible: cambiar el sistema.
Esther Vivas es coautora de los libros Del campo al plato (Icaria editorial, 2009) y Supermercados, no gracias (Icaria editorial, 2007), militante de Izquierda Anticapitalista y miembro de la redacción de Viento Sur.
Artículo publicado en la revista Viento Sur nº108
¿Y qué puedo hacer yo?
Puedes descubrir más sobre los grupos de consumo agroecológico como opción política en esta otra noticia publicada en CanalSolidario.org por Esther Vivas.
Tú tambien puedes dar un paso adelante hacia el comercio justo y responsable y formar un grupo de consumo en tu casa, tu barrio, tu centro de trabajo… Aquí tienes algunos links útiles: Cooperativa Bajo el Asfalto está la Huerta! - Cooperativa Arbore - Espacio por un Comercio Justo - Federación Andaluza de Consumidores y Productores Ecológicos y Artesanales - Ecoconsum - La Repera - Plataforma Rural . Puedes ponerte en contacto con otras cooperativas y redes de consumo solidario a través de nuestra Guía de ONG.
Propón a tu ayuntamiento que se convierta en municipio libre de transgénicos.
Greenpeace te invita a convertirte en observador y observadora de transgénicos, y avisar a la organización en el caso que encuentres un producto que no especifique si contiene o no OGM.
Participa en la campaña No te comas el mundo, a favor de la soberanía alimentaria y por el reconocimiento de la deuda ecológica.
También puedes leer Los quienes y el qué en el movimiento del comercio justo y ¿Adónde va el comercio justo? Icaria editorial.
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