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Haití o cómo la pobreza atrae el desastre

Por: Anapaes el 25/01/10 09:56
Tiempo estimado de lectura : 3 minutos
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La tierra no tiembla igual para todos. Los países empobrecidos, con escasez de todo excepto de miseria, son más vulnerables a terremotos y otros desastres naturales. Y a su vez, esos desastres les hacen más indefensos ante la pobreza. Un círculo del que países como Haití tienen difícil escapatoria.

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Haití o cómo la pobreza atrae el desastre

La imagen es de United Nations Development Programme en Flickr

¿Y qué puedo hacer yo?

Puedes ver una lista de los números de cuenta que han habilitado ONG con proyectos en Haití para recoger fondos ante la emergencia humanitaria que vive el país.

Hemos creado una página especial que recoge diferentes informaciones sobre el terremoto en Haití.

La tierra no tiembla igual para todos. Los países empobrecidos, con escasez de todo excepto de miseria, son más vulnerables a terremotos y otros desastres naturales. Y a su vez, esos desastres les hacen más indefensos ante la pobreza. Un círculo del que países como Haití tienen difícil escapatoria.

El pasado 12 de enero, la capital haitiana, Puerto Príncipe, tembló como pocas veces. Un seísmo de 7 grados en la escala Richter dejó a cientos de miles de personas atrapados bajo los escombros de edificios y chabolas. Y a los que se salvaron, sin agua, ni comida, ni casa. Y lo que es peor: sin futuro.

El desastre lo causó el terremoto. Pero él sólo no pudo. Por detrás, varios años de dumping (práctica de comercio en la que una empresa fija un precio inferior para los bienes exportados que para los mismos bienes vendidos en el país) habían obligado a cientos de campesinos a abandonar sus campos de arroz y emigrar a la capital. Una vez allí, la situación no fue mucho mejor. En puerto Príncipe, las condiciones de hacinamiento y sobrepoblación, la falta de empleo para la mayor parte de los jóvenes, los deficientes servicios sanitarios y una terrible inflación de los alimentos ayudó a que las tierras haitianas temblaran con fuerza.

Tras el seísmo de El Salvador en el año 2000, el teólogo Jon Sobrino reflexionaba que los terremotos “no son sólo una tragedia, sino que son también una radiografía del país”. Y con éste, ha quedado demostrado por qué Haití es el país más pobre del hemisferio occidental. De hecho, el 54% de sus poco más de nueve millones de habitantes sobreviven con menos de un dólar al día, según el PNUD. Pese a estar enclavado en el mismo Caribe, Haití no tiene gran atractivo turístico. Allí, la pobreza acampa en cada esquina mientras los haitianos no consiguen dirigentes políticos capaces de luchar contra una miseria que reduce la esperanza de vida a 51 años.

50 fuertes seísmos al año

Pese a lo que pueda parecer, la tierra tiembla con la misma magnitud que en Haití 50 veces al año, tal y como reflejan los datos del Servicio Geológico de Estados Unidos. Sin embargo, muy pocas veces alcanzan grados de destrucción similares. En agosto de 2008, un terremoto de 6,6 grados despertó Japón. Pero sus complejos y costosos sistemas de medición sismográfica y sus construcciones diseñadas para resistir a los temblores permitieron que sólo 60 personas resultaran heridas.

Casi veinte años antes, en 1989, San Francisco sufrió un terremoto de una fuerza similar al registrado en Haití. ‘Sólo’ 300 personas murieron. En seguida se organizó el desescombró y a las pocas horas empezó a llegar la ayuda. Apenas un año después, Irán tembló con menos fuerza. Sin embargo, casi 70.000 personas perdieron la vida.

Esto demuestra que el problema no es que los desastres naturales sólo ocurran en países empobrecidos, sino que justamente son éstos los que no cuentan con la infraestructura necesaria para hacerles frente. Aunque la cifra dependa, sin duda, de si el seísmo afecta a un núcleo poblado, el hecho de que los edificios sean endebles, los hospitales escasos y los planes de emergencia inexistentes hace que el país afectado soporte peor los envites de la tierra. Y tras el desastre, se vuelven mucho más débiles y vulnerables a sufrir grandes daños y pérdidas.

Tras el tsunami

Algo parecido ocurrió tras el tsunami de diciembre de 2004 en el sureste asiático. A parte de los cientos de miles de muertos y millones de personas son hogar, lo que convirtió este fenómeno en una tragedia fue que las personas afectadas no sabían que se encontraban en una zona de alto riesgo. Y es que, al tratarse de países empobrecidos, no pudieron invertir el dinero suficiente en monitoreo meteorológico, lo que habría permitido elaborar medidas de prevención y evacuación.

Seis años después, las zonas más afectadas por el tsunami se encuentran aún más atrasadas que antes. Siguen necesitando de la cooperación internacional para la reconstrucción y de las inversiones de capital extranjero para recomponer sus economías. En definitiva, estos países asiáticos son ahora más dependientes que antes de la comunidad mundial. Y éste parece ser el futuro de Haití.

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1 comentario

Por: Aurelie el 25/01/10 16:05

Articulo muy agudo, “la tierra no tiembla igual para todos”, y de hecho no se ayuda ni se reconstruye igual para todos. Estuve en Tailandia a principios de diciembre, en la zona de Phuket que tambien fue afectada por el tsunami de 2004. Si no hubiera sido por los DVDs del desastre que se vendian por todas partes, ahi no quedaba rastro de la devastación, todo por lo visto fue reconstruido y edificado en un tiempo record, según los propios habitantes, y el turismo volvió a fluir asi como el dinero muy pronto. De hecho todo parece muy nuevo, la unica differencia que se encuentra con el antes de la catastrofe, son los carteles azules que señalan la ruta a seguir en caso de maremoto en toda la zona playera…impresionante..cuando se ven las fotos actuales de Indonesia y Sumatra en particular donde muchas zonas afectadas siguen sin a penas cambios, da mucho que pensar. Efectivamente, la llegada de las ayudas y la reconstrucción van siempre donde hay intereses económicos, a ver si conseguimos mejorar algo despues del desastre en Haiti.

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