Jóvenes voluntarios rehabilitan pisos en el Casco Antiguo de Barcelona
Paleta y rodillo en mano, 30 jóvenes han rehabilitado estos días tres pisos de Barcelona. Es una iniciativa de Escoltes Catalans, que además de dedicarse a la educación desde el escultismo impulsa proyectos de desarrollo y cooperación.
“Las paredes que ahora veis blancas antes eran más bien de un color gris. En esta pared había una moqueta en mal estado, así que la hemos arrancado, hemos quitado la cola, la hemos lijado y vuelto a pintar.” Quien habla es Albert, un joven de 16 años que estos días ha colaborado en la rehabilitación de un piso en el Casco Antiguo de Barcelona.
Albert comparte brochas, paleta y rodillos de pintura con Xavier, Daniel y Clara. Los cuatro forman parte de varios grupos de escultismo en Reus, Barcelona y Masnou. Las asociaciones de escultismo buscan la educación integral del individuo por medio de la convivencia, la autoformación y el contacto con la naturaleza, al estilo de los anglosajones boy-scouts. Este tipo de organizaciones, aunque sin la reminiscencia militarista de las anglosajonas, están muy arraigadas en la cultura asociativa catalana.
Estos días, bajo el paraguas de la organización Escoltes Catalans, las organizaciones a las que pertenecen Xavier, Daniel y Clara han participado en un proyecto que pretende sensibilizar sobre la realidad del Cuarto Mundo y colaborar en la rehabilitación de viviendas de personas con escasos recursos en el barrio Gótico de Barcelona.
| La iniciativa pretende colaborar en la rehabilitación de viviendas y sensibilizar a los jóvenes de la problemática social |
En total, una treintena de chicos y chicas de entre 15 y 17 años han colaborado en la reparación de tres pisos de la zona y han realizado tareas como tirar a la basura trastos viejos, pintar paredes y techos y acondicionar comedores y habitaciones. Como explica Alba Vila, miembro del equipo organizador del proyecto, se trata de “hacer más dignas las viviendas de personas con pocos recursos y, al mismo tiempo, mostrar a los jóvenes la realidad del barrio y explicar que las cosas también se pueden cambiar desde abajo”.
Alba Vila tiene 23 años y desde los 15 años está vinculada a este proyecto, que se puso en marcha hace una década con el nombre de La Murga. Como miembro del grupo de escultismo, ha participado como voluntaria en la rehabilitación de pisos y ahora forma parte del equipo organizador, que además de supervisar la labor del resto de jóvenes se encarga de promover actividades de sensibilización semanas antes de la acción puntual en las viviendas y de contactar con los servicios sociales para identificar las familias que necesitan más apoyo.
En este caso, los servicios sociales del barrio Gótico son los encargados de contactar con las familias, que suelen estar formadas por personas mayores con pocos recursos. En años anteriores, desde el Ayuntamiento han proporcionado un lugar para que los voluntarios que llegan de fuera de Barcelona puedan dormir; este año, sin embargo, los jóvenes de Escoltes Catalans no han tenido mucho apoyo del consistorio y al final, a través de los servicios sociales del distrito, han encontrado una escuela en la que poder dormir, advierte Alba Vila.
Mejorar la realidad social desde el escultismo
Escoltes Catalans se creó hace más de 30 años como proyecto asociativo y educativo y en la actualidad está formado por 40 agrupaciones de escultismo repartidas por todo el territorio catalán. En Catalunya, este tipo de asociacionismo juvenil está muy arraigado y tiene como base educar a niños y jóvenes en valores como la participación social y la defensa del medio ambiente.
| En los últimos diez años, La Murga ha rehabilitado una treintena de pisos con el apoyo de 500 voluntarios |
En el caso de Escoltes Catalans, además, la asociación impulsa proyectos relacionados con el desarrollo y los derechos humanos tanto en países del Sur como en Cataluña. A través del área de cooperación, Escoltes Catalans ha apoyado la construcción de centros educativos en Benín, ha formado en actividades de ocio a maestros saharauis y ha impulsado una red de ludotecas en Cuba, entre otras iniciativas.
En Cataluña, medio millar de jóvenes han participado en el proyecto La Murga desde su puesta en marcha hace diez años, y una treintena de pisos han sido rehabilitados total o parcialmente. La idea, explican desde Escoltes Catalans, es “potenciar desde el voluntariado el civismo, la participación ciudadana, la acción comunitaria y la promoción de los valores de los jóvenes”.
“Uno de los objetivos del escultismo es desarrollar y mejorar la realidad social más cerca y lejana, fomentar el espíritu crítico y la implicación de los jóvenes”, añade Silvia Ayala, responsable del área de cooperación de Escoltes Catalans.
“Es una forma de ayudar que nos gusta porque apoyamos a personas sin recursos mejorando sus viviendas y, mediante actividades previas, conocemos mejor la realidad de la pobreza en la ciudad”, explica Laura, una joven que 17 años que participa por primera vez en la iniciativa de La Murga. A pocos metros, y subido a una escalera para dar los últimos retoques al techo de una habitación, Daniel asiente y recuerda que participar en una actividad como ésta “nos hace ver que el estado del bienestar realmente no funciona para todos” y que “todos tienen derecho a una casa digna”.
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