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'La actual globalización es una forma de neocolonialismo'

Por: Redacció el 29/05/02 17:21
Tiempo estimado de lectura : 3 minutos
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El Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz acaba de publicar El malestar en la globalización, donde nos advierte de las nefastas consecuencias del actual proceso económico y formula alternativas.

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'La actual globalización es una forma de neocolonialismo'

Portada del libro / Ed. Taurus

“Actualmente la globalización no funciona. No funciona para los millones de habitantes pobres del planeta. No funciona para el medio ambiente. No funciona para la estabilidad de la economía global. Para algunos la solución es fácil: abandonar la globalización. Esto no es viable ni conveniente”. Frases como estas pueden encontrarse en El malestar en la globalización, el último libro de Joseph Stiglitz, economista que abandonó sus empleos de asesor para el Gobierno norteamericano y vicepresidente del Banco Mundial porque estaba en desacuerdo con sus políticas.


Desde entonces, Stiglitz ha afirmado que el problema “no es la globalización”, sino “como se ha gestionado hasta ahora” y señala como principales culpables de las actuales desigualdades a las instituciones económicas mundiales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio (OMC), que “contribuyen a establecer las reglas del juego”.


Las causas del “fracaso” de la actual globalización hay que buscarlas en su gestión y en las políticas de los organismos internacionales, “imposibles de cambiar sin la presión de la sociedad civil”. En esta línea, para Stiglitz el llamado movimiento antiglobalización está jugando un papel muy importante en el ámbito de la sensibilización, aunque también recuerda que “las protestas no son el lugar donde se diseñan las políticas”.


En la actualidad, se está dando “demasiado peso” a “un único” modelo económico – el de Estados Unidos —, cuando “deberíamos reconocer que existe más de una forma de economía de mercado”, apunta Stiglitz, quien destaca las “alternativas” existentes en Europa y alerta que nos encontramos ante “una nueva forma de colonialismo en la que no se da a elegir a los pobres, sino que se les dicta lo que deben hacer”.


Este dictado nace de los organismos económicos internacionales y no de los propios estados, que son quienes deberían tomar las decisiones que afectan a su economía, y en consecuencia a la calidad de vida de su población, en opinión de Stiglitz. De hecho, algunos países africanos, latinoamericanos y asiáticos han entrado en la globalización siguiendo sus propias directrices y con mejores resultados que otros países guiados por las directrices de organismos internacionales. Es el caso de Argentina, país al que “las cosas hubieran ido todavía peor si hubiera seguido todos los consejos del FMI”. “La sorpresa – explica el economista – es que los argentinos hayan tenido tanta paciencia, a pesar de la alta tasa de paro y de la sensación de que las cosas iban a empeorar.”


Lo que queda por hacer


Según Stiglitz, el organismo con quizás más responsabilidad en las desigualdades en el modelo de globalización vigente es el FMI, cuyas políticas de estabilidad han resultado ser “ineficaces” y olvidado el “crecimiento”, estrategia “imprecindible” para los países en vías de desarrollo y que “debería presidir la agenda” de este organismo internacional. Además de calificar las acciones del FMI de erróneas, Joseph Stiglitz califica su actitud respecto a los países menos desarrollados de “arrogante”, ya que se limita a ofrecer ayuda económica a un país “con condiciones, muchas de las cuales no guardan relación con el desarrollo”.


Para superar esta situación, el Premio Nobel de Economía propone cambios “en la toma de decisiones” y en el “cómo” se lleva a estas decisiones dentro del FMI. Respecto a la primera propuesta, Stiglitz critica que en la actualidad Estados Unidos sea “el único país con poder de veto” en las votaciones, algo que “no refleja la realidad”. En cuanto al “cómo”, el economista apuesta por el fomento de la “transparencia” y la toma de conciencia “de los errores cometidos”.


A nivel general, entidades como la Organización Mundial de Comercio también deben reformarse y, para que la globalización funcione realmente, es necesaria la existencia de “unas instituciones públicas globales que determinen las reglas del juego”. Estos organismos deberían centrarse “en cuestiones que requieren una acción colectiva a escala global”, es decir, en temas como el medio ambiente, la salud y la asistencia humanitaria internacional, relacionados con los niveles de pobreza. Para Joseph Stiglitz estas y otras medidas, como el perdón de la deuda, son esenciales para llegar a una globalización que no produzca grandes desequilibrios entre poblaciones, aunque admite que el cambio más importante debe darse en las mentalidades.


Más información:


En las web de las editoriales Taurus (edición en castellano) y Empúries (edición en catalán)


© Canal Solidario 2002

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