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La evaporación de las buenas intenciones en las ONGD

Por: Redacció el 12/07/07 17:11
Tiempo estimado de lectura : 4 minutos
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Hasta hace poco, las ONGD justificaban su escaso trabajo para la equidad de género en que no sabían cómo incorporar esta visión en sus proyectos. ¿Ha habido cambios significativos? Un texto publicado en ‘La Magalla’ lo explica.

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La evaporación de las buenas intenciones en las ONGD

Foto: www.pangea.org/fcongd

Hasta hoy el balance de los esfuerzos de las ONGD para integrar la perspectiva de género en sus concepciones, funcionamiento y cultura organizacional presenta más sombras que luces. Algunos de los indicadores que mejor demuestran los limitados adelantos en este campo son:

a) la falta de una política de género que esté integrada en la política general del organismo, después de haber sido discutida por todo el personal y aprobada por sus instancias de dirección;
b) la ausencia de espacios de género institucionalizados y legitimados para impulsar cambios organizacionales en pro de la equidad de género;
c) los escasos recursos financieros, humanos, técnicos y de tiempo destinados a la formación y el debate sobre temas de género.

Estos resultados prácticos tan limitados también están relacionados con el que algunas teóricas del enfoque del Género en el Desarrollo han llamado “la evaporación de las políticas de género en el seno de las instituciones dominadas por los hombres”; un proceso mediante el cual las buenas intenciones respeto a la equidad de género expresadas en los documentos más generales de la política institucional desaparecen cuando se empiezan a abordar las estrategias concretas que darán forma a los programas y proyectos de este organismo.

Según Longwe, las estructuras y la cultura –hegemónicamente masculinas- de una organización trituran las ansias de igualdad cuando se pasa del nivel declarativo al nivel operativo, y hacen que un discurso sensible hacia la equidad de género resbale (sin que nadie sepa cómo, ni se sienta responsable por esto) hacia una práctica centrada en las mujeres, a las cuales se ve como un colectivo falto de relaciones de género.

Las ONGD y las agencias del desarrollo en general “rápidamente pasan de hablar del género, que es una relación social, a referirse al bienestar de las mujeres, y dejan así a los hombres –e implícitamente las relaciones desiguales de poder- fuera del análisis”, concluye White en su revisión del impacto de la cooperación sobre las relaciones de género. La tendencia a desplazarse desde la retórica de la equidad a la realidad de los proyectos para mujeres, muestra la facilidad con que el discurso de género se traduce en actuaciones que sugieren que las ONGD están más interesadas por las mujeres pobres que por la equidad de género en sí misma. Al final, queda la duda de cómo es de firme su compromiso con el objetivo de un desarrollo centrado en las mujeres y que sea capaz de promover su empoderamiento en el marco de relaciones igualitarias.

Tengo la sospecha de que estos procesos de evaporación y deslizamiento que hay en las ONGD no son ajenos a la división sexual del trabajo que hay dentro de ellas. Como no podía ser de otra manera, las ONGD reproducen en su estructura organizativa la división sexual del trabajo que existe en la sociedad, y la expresan de maneras particulares de las cuales sus integrantes a menudo no son conscientes, pero que ayudan a entender algunas de las resistencias al cambio que presentan estas organizaciones. Me refiero, en concreto, a la tendencia que se hace más evidente a medida que las ONGD se profesionalizan y crecen en personal contratado y en recursos, a organizar el trabajo y el ejercicio del poder de una forma que, a grandes rasgos, se podría resumir así:


  • Las tareas de dirección y decisión, de representación pública y de participación en espacios de interlocución con las administraciones públicas son mayoritariamente ocupadas por hombres de una cierta edad con experiencia política, notable dedicación y disponibilidad de tiempo, capacitado de elaboración teórica y de debate, que ocupan cargos sin remuneración a los cuales han llegado (o en los cuales se mantienen) más por su carácter de fundadores de la organización (o por cooptación a través de las redes informales de lealtad masculina), que por elección democrática o concurso de méritos abierto y transparente.

  • Los trabajos técnicos relacionadas con los proyectos, la sensibilización o la educación para el desarrollo y las tareas administrativas son cada vez más ocupadas por mujeres jóvenes con formación técnica (másters en cooperación o gestión de ONGD, idiomas), que aceptan condiciones de trabajo y remuneración tan precarias como es habitual al mercado de trabajo actual (si no más) y no disponen de oportunidades para promocionarse en cargos directivos. También son mujeres jóvenes el grueso del voluntariado más activo y, según estudios realizados entre las ONGD vascas, las mejor formadas en temas de género (si no las únicas).


  • Esta división sexual del trabajo es, según mi parecer, la pared dónde choca y rebota la pelota del cambio organizacional a favor de la equidad de género en las ONGD.

    Mientras la incorporación de la perspectiva de género al trabajo de cooperación se concreta en la adquisición de habilidades técnicas para hacer proyectos sensibles al género, las organizaciones pueden exhibir sus buenas intenciones y su discurso pro equidad sin ningún coste y con evidentes beneficios. Pero las resistencias afloran cuando se trata de promover el cambio en sus estructuras y su cultura organizacional, porque estos son los ámbitos que mejor reflejan la desigualdad de poder entre hombres y mujeres dentro de las ONGD.

    Lee el artículo completo (pdf) de Clara Murguialday en La Magalla (en catalán)

    (*)Clara Murguialday es economista especializada en desarrollo y cooperación internacional y forma parte del Consejo de Cooperación al Desarrollo del Gobierno español. Su artículo ha sido publicado en ‘La Magalla’, el boletín de la Federación Catalana de ONGD, plataforma que aglutina 85 entidades de Cataluña y que tiene el objetivo de potenciar la coordinación de las entidades de cooperación para el desarrollo asociadas y conseguir un nuevo tipo de relaciones Norte-Sur

    Canal Solidario-OneWorld 2007

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