“La paz sin disparos en Costa de Marfil llegará pronto, pero eso no significa que no haya conflicto”
El responsable de los misioneros españoles en África, Pepe Ferrer, ha conversado con Canal Solidario sobre la realidad en Costa de Marfil, país que vive una guerra civil y que necesita ser protagonista de su propio proceso de paz.
Durante años, Pepe Ferrer ha sido misionero en zonas rurales de Benín y ha conocido las realidades de países como Níger, Kenia, Ghana y Costa de Marfil. Ahora, desde su cargo de coordinador de las misiones españolas en África, está en permanente contacto con los misioneros que están sobre el terreno y sigue de cerca su labor y la situación en este continente.
Hace unos días, Ferrer visitó Barcelona para apoyar la campaña ‘Otro mundo es posible… depende de ti’, que Manos Unidas llevará a cabo este año para sensibilizar sobre los retos y dificultades que presenta el modelo de globalización actual. En este contexto, Canal Solidario conversó con él sobre los momentos de inestabilidad que se viven en Costa de Marfil, la labor de los misioneros en la zona más conflictiva, el hecho de que algunas ONG se hayan marchado tras el aumento de la violencia y sobre la necesidad de que la comunidad se preocupe más de dar voz a la gente de este país para lograr avances efectivos hacia la paz.
¿En qué zona se concentran los misioneros españoles en Costa de Marfil?
En general, en todas nuestras misiones hay algo característico y es que elegimos las zonas donde no hay nada o casi nada, tanto a nivel de iglesia como de desarrollo. En Costa de Marfil estamos en todo el país, pero sobre todo en la región de Korogho, una zona rural que está entre los dos frentes, donde el conflicto es más intenso.
¿Qué tipo de labores realizan?
Hacemos de todo, porque es una zona donde no hay infraestructura de ningún tipo ni una presencia excesiva de ONG. De manera puntual, organizaciones no gubernamentales hacen trabajos esporádicos, pero la presencia no es tan continua como lo puede ser en los campos de refugiados.
Los misioneros que están allá asisten partos, cuidan enfermos, construyen dispensarios, pozos y escuelas, enseñan a leer y escribir y técnicas de cultivo, preparan a los líderes y también acompañan a los pocos cristianos que hay. Aunque el trabajo de desarrollo llega a todos, en ese sentido no hay religión. De hecho, la misión suele ser el único punto de referencia para la gente de las zonas rurales y por ahí pasan también representantes de la comunidad musulmana y animista para resolver cuestiones.
En las conversaciones que mantienes con los misioneros que están sobre el terreno, ¿qué explican sobre la situación actual del país?
| “Es diferente lo que ocurre a nivel político que lo que pasa en las aldeas donde trabajamos” |
Que es diferente lo que ocurre a nivel político que en las aldeas donde ellos trabajan. A nivel político, no hay voluntad para arreglar el conflicto y hay una lucha por el poder que deja de lado la motivación ideológica y el amor al país. Es cierto que hay un plan de pacificación, en el que colaboró Francia, pero las elecciones se han tenido que retrasar e incluso si hubiera elecciones no sé si se aceptarían los resultados.
Desde luego que hay que dar pasos en ese sentido, para el entendimiento, pero falta un diálogo verdadero porque en estos momentos las motivaciones son económicas y por el poder.
¿En esta lucha de intereses participan también otros países?
Sí. Cuando el líder de la oposición Guillaume Soro empezó a sublevarse en el norte consiguió un ejército que hoy es más fuerte que el del Gobierno de Costa de Marfil. ¿Cómo? Con ayuda de países como Senegal y, sobre todo, Burkina Faso… que curiosamente son países aliados de Francia y que podrían conseguir, a cambio de su apoyo, parte del territorio.
Francia no intervino hasta que vio peligrar sus intereses, porque tiene numerosas empresas en el país, y reaccionó de manera violenta cuando en unas escaramuzas murieron seis de sus soldados. Todo esto crea un sentimiento antifrancés, antiblanco, y provoca manifestaciones y muertos.
¿Cómo afecta el conflicto a la población civil?
| “La media de edad ha bajado de 50 a 47 años, los casos de enfermedades se han triplicado, las infraestructuras no funcionan…” |
El norte, donde está el conflicto, es una región rural, por lo que la gente come de lo que siembra. Pero con el conflicto es difícil sembrar, se cosecha mal y se muere de hambre. La guerrilla va por los poblados reclutando a muchachos a la fuerza, la media de edad ha bajado de 50 a 47 años, los casos de enfermedades se han multiplicado por tres, las infraestructuras no funcionan, las carreteras están cortadas… hay un ambiente de descontrol en el que se saquean poblaciones y se violan mujeres.
Ante esta situación, ¿cómo reacciona la población? ¿Se intenta sobrevivir? ¿Se crean redes y cooperan?
Precisamente lo que estamos haciendo en Korogho es organizar lo poco que queda de la población civil para que sepan que pueden hacer cosas y, dentro de ese caos, vivir lo mejor posible; pero sin exportar recetas occidentales, aprovechando sus recursos tradicionales.
Lo que ahora está sucediendo es que muchas personas, sobre todo las más mayores, se sientan a esperar a que llegue la muerte. En Costa de Marfil no hay jubilación ni asilos y el único consuelo de los padres son sus hijos jóvenes, que ahora van a luchar. Hay resignación y nosotros intentamos que no pierdan la esperanza, que siga luchando por ellos mismos, que se pongan a hacer cosas dentro del caos que hay montado.
¿Y se ven resultados?
Todavía es pronto, porque incluso nosotros estamos un poco perdidos. Es una situación de la que no sabemos el futuro y, después de cuatro años de guerra civil y de tensiones étnicas y por el poder, a veces tenemos la sensación de impotencia.
¿Realmente el problema étnico es real o es sólo algo con lo que se juega para encender los ánimos y detrás hay intereses económicos?
El conflicto étnico existe. Hay etnocentrismo, como en todos los sitios, y cada etnia cree que los suyos son los mejores. Aunque haya tensiones étnicas, si las relaciones se viven de una manera natural y espontánea no se llegaría a los conflictos que hay ahora, el problema es cuando ese sentimiento se manipula y utiliza para intereses de poder.
Permanecer a pesar del conflicto
El aumento de la violencia en Costa de Marfil durante los últimos meses, llevó a muchas ONG a retirar a sus cooperantes, ¿sabes si han regresado?
ONG hay muy pocas, sobre todo en la zona más conflictiva, que es donde estamos nosotros. Algunas han regresado al sur, la región con más tranquilidad aparente. Cuando el conflicto se recrudeció las ONG se fueron para evitar secuestros y muertes de sus cooperantes; porque para un grupo guerrillero secuestrar a un miembro de Cruz Roja, por ejemplo, significa tener publicidad y proyección internacional que no tendrían de otra manera.
Nosotros damos libertad para decidir a los misioneros. Decidieron quedarse, estuvieron encerrados durante el brote de violencia, y siguen ahí.
¿Qué ha supuesto para la población civil la marcha de los cooperantes y las ONG?
| “La gente comprende que los cooperantes y las ONG se vayan y no lo critican ni lo juzgan” |
La población utiliza dos palabras diferentes para hablar de misionero y cooperante. Quizás porque el misionero va sin límite de tiempo y puede permitirse parar un año o dos para conocer bien el lugar y sus costumbres, su idioma… un acercamiento que ellos aprecian. El cooperante va para un tiempo determinado y entiendo que también debe ser violento a nivel personal, sobre todo en momentos de tensión como los que se han vivido en Costa de Marfil, tener que marcharse porque lo dice la ONG. Pero la gente comprende que los cooperantes y las ONG se vayan y no lo critican ni lo juzgan, porque la gente sencilla tampoco quiere que les pase nada en ese clima de violencia.
En este contexto, ¿hay alguien en el país con la capacidad de acabar con la violencia, formar un Gobierno y tener la aceptación de la gente?
En estos momentos la gente no está contenta ni con el Gobierno ni con la guerrilla. En el caso del Gobierno, el problema es que la población no siente que trabaje para ella. La gente ve llegar a los empresarios blancos que se pasean en coches de lujo y van a comer a restaurantes buenos mientras ellos viven en chabolas y su Gobierno apoya a los empresarios. Y eso les hace pensar que su situación no es justa.
Por eso, cualquier persona que mostrara un poco de credibilidad, sin importar su ideología política, y que tuviera carisma y supiera ilusionar a la gente conseguiría un gran apoyo.
En este proceso de caminar hacia la paz ¿la Iglesia ha tenido algún papel de mediación?
La iglesia autóctona de Costa de Marfil no ha sabido hacer un buen papel mediador. De hecho, está dividida, hay obispos simpatizantes de los rebeldes y obispos simpatizantes del presidente. Además, la imagen que ha dado durante muchos años la iglesia jerárquica oficial es la de estar muy cerca del Gobierno, tanto que cuando se nombraba un nuevo obispo el Gobierno le regalaba un buen coche.
El caso de Costa de Marfil no es el de otros países como Benín, donde la Iglesia tuvo un papel mediador y pacificador muy importante. Y lo mismo pasa en el país con otras religiones como la musulmana.
La verdadera paz llegará, pero en mucho tiempo
Entonces, ¿piensas que hay alguna esperanza para solucionar el conflicto
La paz sin disparos llegará pronto, pero eso no significa que no haya conflicto. Pasará como en otros países, como Liberia, donde se han celebrado elecciones y hay una mujer presidenta pero donde los conflictos sociales y políticos que alimentaron a la guerrilla siguen sin resolverse. Para alcanzar un ambiente de paz verdadera se necesitará un proceso muy largo.
¿Cuáles son los retos principales?
El primer paso es buscar un entendimiento a nivel global y dejar más independencia a los países para que se organicen. Países como Costa de Marfil no se sienten protagonistas de sus vidas, porque realmente no lo son.
| “Para que el proceso de paz sea duradero hay que cambiar las relaciones internacionales, sino sólo pondremos parches” |
Que haya un contexto de alto el fuego para que Francia siga manipulando sus empresas y explotando los recursos de Costa de Marfil no sirve para nada porque en poco tiempo volverán a aparecer nuevas guerrillas. Si lo que realmente busca la comunidad internacional es que no disparen pero no hacen nada para que la población se beneficie de sus recursos, no se solucionará nada.
Para que el proceso de paz sea duradero y estable es necesario cambiar de estrategia política, cambiar las relaciones internacionales, sino sólo pondremos parches, soluciones temporales para que dejen de disparar y los empresarios puedan seguir explotando el cacao, la madera y lo poco que queda en Costa de Marfil.
Viendo este panorama, ¿se puede afirmar que la época colonial todavía persiste?
La explotación económica sigue, y lo que le queda. Además, hay muchos tipos de explotación económica, no es solamente a nivel de empresas.
En Benín, por ejemplo, extranjeros adinerados vienen a la reserva a cazar animales de los que han vivido muchas culturas durante años. Ahora, sin embargo, los blancos ricos organizan safaris mientras los pueblos de allí tiene prohibido cazar, bajo amenaza de pena de muerte.
Situaciones como ésta pasan en África todos los días. Es cierto que hay que mantener la esperanza pero también hay que abrir los ojos a lo que está pasando, tener posturas críticas, informarse y denunciarlo en la medida de nuestras posibilidades. Otro mundo es posible, pero hay que trabajárselo.
Más información:
Manos Unidas
Conoce qué pasa en Costa de Marfil
Visita la web de la Sociedad de Misiones Africanas
Canal Solidario-OneWorld 2006
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Por: Redacció el 05/01/06 13:21
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