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‘Las mujeres no podemos ser utilizadas para justificar ningún conflicto bélico’

Por: Redacció el 04/10/02 11:50
Tiempo estimado de lectura : 7 minutos
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Inseguridad, hambre y carencias de todo tipo reinan en Afganistán, y las mujeres siguen amenazadas. Carmen Urrutia, al frente de una plataforma de apoyo a las afganas, alerta sobre una situación de consecuencias imprevisibles.

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‘Las mujeres no podemos ser utilizadas para justificar ningún conflicto bélico’

Carmen Urrutia / Canal Solidario

La fascinación de Carmen Urrutia por esta tierra inexpugnable y sus habitantes arrancó mucho antes de los atentados terroristas del 11 de septiembre. En el año 1995 se constituyó en Madrid la Plataforma por los Derechos Humanos de las Mujeres y de Ayuda a Afganistán, que ella dirige, con el fin de denunciar la escandalosa vulneración de los derechos de las mujeres, entonces bajo el régimen talibán, y proporcionar ayuda a las ONG locales que se jugaban la vida para aliviar a la población.


Sin embargo, antes del 11-S, ninguna televisión ni periódico se interesó por el trabajo de la plataforma ni sus denuncias. Sólo a raíz de esa fatídica fecha, fue cuando Carmen comenzó a recibir una avalancha de llamadas de numerosos medios de comunicación. Pero este gran interés decayó rápido, tan pronto como las fuerzas estadounidenses concluyeron su ofensiva sobre el país y el tema dejó de ser prioritario en la agenda informativa.


Urrutia y las asociaciones que forman parte de la plataforma siguen luchando por mostrar la dura realidad de un país abandonado nuevamente a su suerte por Occidente para demandar a la comunidad internacional mayor atención y asistencia, y aplacar un polvorín de consecuencias imprevisibles, no solo para los afganos.


¿En qué ha cambiado la vida de las mujeres afganas tras la caída de los talibán?


Realmente, la vida cotidiana de las mujeres, en nada. Tener que ponerse o quitarse el burka parece todo un símbolo de liberación; si cogemos el símbolo, observamos que no se pueden quitar el burka, porque los hombres afganos son violentos y las mujeres son víctimas de violaciones, hay una gran inseguridad ciudadana.


El protectorado que prometió Naciones Unidas en los acuerdos de Bonn sólo ha llegado a Kabul y de manera insuficiente, esas fuerzas internacionales de seguridad son pocas y ni siquiera cubren bien a los miembros del gobierno, que están en riesgo. Y el resto de la población afgana, la inmensa mayoría rural, está abandonada a su suerte.


Acabar con los talibán era acabar con la violencia, y para nada, porque los otros también son integristas, llámense Alianza del Norte, los muyaidín en general. Sí que hay una firme voluntad política de parte de las mujeres de participar y de que esto vaya cambiando, pero tienen muy pocos recursos todavía para poder hacerlo. La anterior ministra del Gobierno interino no tenía ni oficina, disponía de un teléfono celular que le donó una ONG de Canadá, no tenía absolutamente nada, más que ganas de trabajar.


Ahora, sabemos que la nueva ministra de Asuntos para la Mujer está amenazada de muerte, más que ningún otro miembro del gobierno, por su propio pueblo, por hombres, por el hecho de que participa en política. Son muchos años de madrasas como única formación.


En diversos medios de comunicación se han difundido imágenes de mujeres que han comenzado a volver a la universidad, ¿hasta que punto esta imagen es generalizada?


Es muy difícil constatar datos, pero las mujeres que allí trabajan se esfuerzan por hacerlo. A la propia ministra le hemos pedido la cifra de niñas y niños escolarizados, todavía hay muchos sin escolarizar, pero eso es normal porque hay que construir escuelas –-Afganistán ha sido arrasado por la guerra. Se estima que algo más del 30% de los niños ya han sido escolarizados y un 3% de niñas. No sé si será la costumbre o la inercia (de los años de los talibán) que las niñas no asistan a la escuela y que las mujeres analfabetas permanezcan en el hogar.


Afganistán ha sido un país islámico siempre. Las costumbres del pueblo afgano han estado siempre muy influidas por el Islam, pero de una manera muy tolerante, no como se ha visto después; seguramente ha sido uno de los países más tolerantes. Por ejemplo, el sufismo, que es una rama del Islam que Arabia Saudí prohíbe, tuvo un enorme desarrollo en Afganistán.


Nunca las mujeres tuvieron prohibido asistir a la escuela, pero sí que es verdad que no ocupaban puestos políticos… hasta la influencia soviética. Con esto no estamos diciendo que fuera positiva para el pueblo afgano la invasión soviética, pero las mujeres durante esos 10 años invadieron las universidades, se licenciaron y se sabe que de esta zona del sudeste asiático, las mejores doctoras eran las afganas. Y ellas, ya durante el régimen talibán, en la medida que han podido, han ido manteniendo la educación; mucho más en los campos de refugiados, porque allí además había alternativas a las madrasas (escuelas coránicas).


¿En qué medida han contribuido las redes clandestinas creadas por mujeres durante el régimen talibán a preservar la educación de las niñas y a evitar que fueran una generación perdida?


Niñas y niños, porque es importantísimo decir que ha habido niños afganos que han recibido una educación diferente a la que se daba en la madrasa talibana. Las escuelas de las ONG Rawa y Hawca impartían educación también a los niños y en muchos casos eran sus propias familias las que lo solicitaban. Esta situación se daba y se da hasta nuestros días en los campos de refugiados.


En Afganistán, lo único que se podía hacer era alfabetización en casas y en la clandestinidad más peligrosa. Ellas se organizaban cambiando de casas para no levantar sospechas, daban las clases casi susurrando, siempre que se trasladaban llevaban el Corán bajo el brazo y los libros de texto ocultos bajo el burka (para algunas cosas el burka ha sido muy útil; incluso una colaboradora de Hawca lo utilizó para ocultar un ordenador portátil comprado con la ayuda del Ayuntamiento de Rivas Vacía-Madrid).


También hay que destacar que las mujeres afganas nunca hubieran podido hacer nada sin la ayuda de los hombres en territorio afgano porque, para empezar, no tenían prohibido salir a la calle si no iban acompañadas de un hombre; con lo cual los hombres han colaborado en esta situación de resistencia en la que se encontraban. Ellos querían acabar con el régimen talibán, eran los primeros oprimidos por ese régimen.


¿Qué le parece la enorme atención que los medios de comunicación occidentales han prestado a la ofensiva estadounidense sobre suelo afgano bajo la denominada ‘guerra de liberación’?


En eso, las mujeres feministas estamos muy alertas, porque no podemos consentir ser utilizadas para justificar ningún conflicto bélico, que además no es liberador. Las mujeres afganas llegan a esa situación de opresión con interferencias extranjeras, eso está claro. Los talibán son un invento de Arabia Saudí y los arma EEUU porque le interesa frenar la influencia soviética, que también está interesada económicamente en esta zona y así se llega a esa polarización de la sociedad y a que las mujeres sufran una opresión sin precedentes en la historia.


Desde 1995, nuestra plataforma está tratando de sensibilizar, informar y pactar ayuda para que la comunidad internacional no permaneciera impasible ante tanto sufrimiento, pero nunca nos hacían caso. Ni con motivo de las manifestaciones, los programas de televisión nos llamaban. Después del 11 de septiembre, a todos los medios de comunicación —me refiero a los grandes, los que tienen que ver con el poder— les interesaba mucho que fuéramos las que siempre habíamos hablado mal de los talibán, a que contáramos la historia.


Y nos dimos cuenta muy pronto de que podíamos ser utilizadas para justificar una guerra que tenía nada más que intereses económicos como una guerra liberadora de la población. Y nosotras decidimos no prestarnos. Había que decir que el régimen talibán era muy perverso, pero había que contextualizarlo, naturalmente, y eso no interesaba tanto. Con las mujeres no se va a justificar ningún conflicto bélico, porque con violencia ni se consigue la paz, ni se avanza en desarrollo y las más perjudicadas siempre van a ser las mujeres, por los efectos colaterales de la guerra: en mayor número de viudas, de refugiadas y además son ellas las que tienen que tirar para adelante.


Con la guerra no se combate el terrorismo; los ejércitos no están para eso, sino los servicios secretos, la policía y los mecanismos de la justicia, porque todo lo que no se haga así supone cargarse el estado de derecho.


En Afganistán había dos objetivos con esta guerra: uno, derrocar el régimen talibán, que lo hicieron, pero no para pacificar el país (hay violencia extrema en las calles); y otro, detener a los culpables de los atentados terroristas de las Torres Gemelas, cosa que no han conseguido. Sin embargo, esa guerra tenía una agenda oculta: los intereses económicos que tienen las repúblicas ex soviéticas que están al norte de Afganistán, que albergan grandes riquezas petrolíferas y sobre todo de gas, y que el trazado más directo para sacarlas es por territorio afgano.


A fecha de hoy, sabemos que la inseguridad es un hecho, que a los terroristas no se les ha detenido, pero el acuerdo con el Gobierno de Turkmenistán para construir el oleoducto hasta Karachi ya está firmado. También sabemos que en cuento a las ayudas para la reconstrucción previstas en los acuerdos de Tokio, que todavía no han llegado, el primer ministro afgano, Hamid Karzai, ya ha puesto sus prioridades: la primera es obras públicas. Es decir, la política del ladrillo y el pueblo muere de hambre. Esto puede conducir al conflicto civil. Pero no es difícil solucionarlo, la gente quiere paz. Hay que darles de comer y educación en valores, en valores islámicos, que no contradicen los derechos humanos.


Más información:


Plataforma por los Derechos Humanos de las Mujeres y de Ayuda a Afganistán. Tel.: 91 308 25 86.


ONG de mujeres afganas apoyadas por la plataforma:
Hawca


RAWA


*Nota: Del 22 al 27 de noviembre de 2002, Cádiz acoge ‘Bajo el burka’, una semana de ayuda humanitaria a la mujer en Afganistán organizada por la asociación Lunaria. Durante estos días, destacados conocedores de la realidad afgana aportarán su visión sobre el tema, que se completará con exposiciones, películas y otras actividades. En breve aparecerá en Canal Solidario información detallada sobre el evento.


© Canal Solidario 2002

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