Las víctimas del 'agente naranja' esperan justicia 30 años después del fin de la guerra de Vietnam
Más de tres millones de personas sufrieron o sufren las secuelas de este veneno. En la sinuosa tarea de reconciliación tras ese conflicto, el terrible legado del Agente Naranja sigue siendo una asignatura pendiente.
Este año se han conmemorado los 30 años del fin de la guerra de Vietnam, y a su vez 2005 marca los diez años del reestablecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Vietnam. En la sinuosa tarea de reconciliación entre los antiguos enemigos, hay una asignatura pendiente que Vietnam no está dispuesta a dejar olvidar: el terrible legado del Agente Naranja y las consecuencias de la guerra química que el ejército norteamericano llevó a cabo entre 1961 y 1971 como táctica militar para desfoliar las densas selvas del país y exponer las posiciones y movimientos de las tropas del Vietcong.
Bajo el nombre de Operación Ranch Hand (“Peón de Rancho”) , el ejército estadounidense roció más de dos millones de hectáreas de selvas y bosques con al menos 82 millones de litros de sustancias tóxicas, herbicidas y defoliantes, sobre todo con el tristemente famoso Agente Naranja, un herbicida que contiene dioxina, el veneno mas potente jamás descubierto por el ser humano.
Sus efectos fueron y siguen siendo devastadores: al menos 90 millones de metros cúbicos de madera selvática fueron destruidos; la mitad de todos los manglares del país arrasados; contaminó ríos y manantiales permitiendo que los tóxicos entrasen en la cadena de alimentación humana y animal, así como un cúmulo de consecuencias secundarias sobre la fauna, la flora que todavía están por determinar.
Más de tres millones de afectados
Sobre la población, el impacto ha sido sobrecogedor. Según un estudio llevado a cabo por Jeanne Mager Stellman en 2003 de la Universidad de Columbia, 3.851 aldeas vietnamitas fueron rociadas con estas sustancias tóxicas exponiendo directamente a sus efectos a más de dos millones de personas, sin contar aquellas afectadas indirectamente por la contaminación de aguas, alimentos y plantas.
Fuentes vietnamitas cifran en, al menos, tres millones las personas afectadas por el Agente Naranja / Dioxina. Esta cifra no incluye a los miles de militares norteamericanos, coreanos y de otras nacionalidades que participaron en la contienda y que también han sufrido los efectos y secuelas del Agente Naranja.
Irónicamente, los estudios epidemiológicos y científicos sobre sus efectos no se han llevado a cabo en Vietnam, donde todavía no tienen la tecnología para llevarlos a cabo, sino en Estados Unidos. El Instituto de Medicina de la Academia Nacional de la Ciencias (National Academy of Sciences-NAS) viene recogiendo desde 1994 una extensa lista de enfermedades relacionas con el Agente Naranja y en base a la cual los veteranos de guerra estadounidenses pueden acogerse a compensaciones económicas y de servicios médicos y sociales.
La lista de enfermedades es dantesca: cloracné, leucemia, sarcoma, enfermedades neurológias periféricas, enfermedad de Hodgkin, mieloma múltiple, neoplasia de la vías respiratorias, cáncer de próstata, laringe, traquea y pulmón, espina bífida, diabetes, cáncer de la médula ósea, además de las enfermedades múltiples de sus descendientes, que en el caso de los afectados en Vietnam se han monitorizado hasta la tercera y cuarta generación y presentan diagnósticos como espina bifida y un largo etcétera de deformaciones congénitas.
Compensaciones económicas
Pasada la guerra, miles de veteranos estadounidenses empezaron a sufrir síntomas de las enfermedades arriba mencionadas y que ellos relacionaron con su exposición al Agente Naranja. A través de diversas asociaciones y campañas, en 1984, cincuenta mil de estos excombatientes consiguieron que las grandes compañías que habían manufacturado los tóxicos (Dow Chemical y Monsanto principalmente) les compensaran en un acuerdo extra-judicial con 180 millones de dólares durante un periodo de diez años. Miles de veteranos y sus descendientes que padecieron los efectos años más tarde siguen todavía intentando lograr compensaciones, caso por caso, y enfrentándose a la duda judicial de si las compañías químicas son susceptibles de una nueva querella por parte de los veteranos de la guerra de Vietnam.
El “Departamento de Asuntos para Veteranos” norteamericano dispone de información detallada sobre las compensaciones económicas a las que pueden acogerse todos aquellos que estuvieron destinados en Vietnam durante los diez años en que se vertieron los herbicidas. Curiosamente, el antiguo candidato a la presidencia estadounidense, John Kerry, podría pedir este subsidio si quisiera, pues hace poco fue operado de cáncer de próstata y además estuvo expuesto repetidamente al Agente Naranja mientras capitaneaba una de las lanchas que patrullaba el Delta del Mekong en 1969.
El pasado julio, 32 veteranos coreanos que pelearon en Vietnam de parte de los Estados Unidos, escribieron una carta al presidente Bush exigiendo compensación por los efectos del Agente Naranja. Estos pertenecen a la Asociación de Veteranos Agente Naranja de Corea desde donde se afirma que al menos 80 mil coreanos padecen de enfermedades causadas por la dioxina y el Agente Naranja vertido entre 1961 y 1971.
Derechos de los afectados vietnamitas
Paradójicamente, las víctimas vietnamitas son las que menos reconocimiento han recibido fuera de su país. El estado vietnamita, apoyado por diversas asociaciones nacionales como la Cruz Roja de Vietnam, se esfuerza por ayudar a los afectados a todos los niveles, rehabilitación social, asistencia medica, laboral, apoyo a sus familias , etc. pero las necesidades son todavía muy grandes y precisan del apoyo de la comunidad internacional para satisfacerlas.
El año pasado se creo la “Asociación Vietnamita de Víctimas del Agente Naranja/Dioxina” (VAVA) para defender los derechos de los afectados, y su primera acción fue seguir la línea de los veteranos estadounidenses iniciando un proceso judicial en nombre de varios afectados contra las 36 compañías químicas norteamericanas (incluyendo a Dow y Monsanto) que fabricaron los tóxicos aun a sabiendas de sus efectos y el destino de su utilización.
El caso se presentó a principios de 2004 y fue aceptado a trámite en la corte judicial de Brooklyn en Nueva York con la ayuda de abogados norteamericanos, pero poco después de un año el veredicto del juez fue negativo para los demandantes, rechazando la mayoría de sus acusaciones. El principal argumento para perder el juicio fue que el uso del agente naranja no contravenía la leyes internacionales vigentes hasta 1972, año en el que fue prohibido su uso como arma militar.
Parece ser que VAVA apelará próximamente el veredicto y proseguirá con su cometido de conseguir al menos un reconocimiento oficial para las víctimas vietnamitas similar al que ya han obtenido, aunque a duras penas, las víctimas estadounidenses.
En 1972, tras haber arrasado un país como Vietnam, el Agente Naranja, finalmente, fue añadido a la lista de sustancias de las que se prohíben el desarrollo, la producción y el almacenamiento. De todos modos, el sector de las armas biológicas y químicas es tan “innovador” que regularmente se tienen que revisar los convenios para incluir nuevos descubrimientos. Tal es el caso de la Convención de Armas Químicas (CAQ) de 1993, que acaba de ser revisada recientemente.
Dentro del amplio y creciente calendario de causas que reclaman atención publica internacionalmente, Vietnam ha decidido marcar el 10 de Agosto de cada año como día para recordar y homenajear a las personas afectadas por el Agente Naranja y reflexionar sobre la guerra química y biológica en general.
Hace unos días, el 9 de Agosto, se conmemoró en muchas partes del mundo a las víctimas de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki de 1945. Esa cercanía en el calendario no debería quitar protagonismo a esa otra gran tragedia que son los efectos de la guerra atómica, si no mas bien ahondar y profundizar nuestra reflexión sobre el drama de la barbarie a la que la humanidad se ha visto avocada en el pasado, y animándonos a meditar y planificar nuestra responsabilidad en el mundo presente y las futuras generaciones. Por la cuenta que nos trae.
*Luis Lechigero es delegado de Cruz Roja Española en Vietnam y colaborador del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria
Canal Solidario-OneWorld 2005
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