'Lo único positivo del 11 de septiembre es la caída del régimen talibán'
A pesar de la desaparición de los talibán y la creación del nuevo Gobierno, la población afgana pasa hambre, no tiene trabajo y vive en un país inseguro. Entidades sociales como RAWA aún son ilegales.
Behjat Hamra, que por motivos de seguridad no puede mostrar su rostro / Xabier Mikel Laburu-Manos Unidas
Un año después de los bombardeos de la ‘coalición antiterrorista’ liderada por Estados Unidos contra Afganistán, la situación humanitaria en este país asiático es “extremadamente frágil”. La comunidad internacional se empeña en hablar de “normalización” pero la realidad es que casi la totalidad de la población afgana vive con “gran precariedad”. La voz de alarma la daba hace unas semanas Médicos Sin Fronteras y estos días nos la ha ratificado Behjat Hamra, una joven afgana portavoz de la Asociación de Mujeres Revolucionarias de Afganistán (RAWA).
Desde hace un cuarto de siglo, esta organización política independiente de mujeres lucha por el respeto de los derechos humanos y la justicia social en su país, denunciando las injusticias que diariamente se producen y apoyando a los más necesitados con la puesta en marcha de escuelas y centros sanitarios. Para Behjat Hamra, que ha conversado con Canal Solidario, la diferencia entre la vida durante y después del régimen talibán es mínima: “lo único positivo” es la caída de este grupo fundamentalista.
Durante el régimen talibán su organización era ilegal y trabajaba de manera clandestina en Afganistán, ¿ha cambiado esto un año después de la caída de los fundamentalistas?
RAWA todavía es ilegal en Afganistán y nuestras actividades se realizan de manera clandestina, para garantizar la seguridad de nuestros miembros y de los beneficiarios de nuestros proyectos. La mayor parte de nuestros proyectos se dirigen, sobre todo, a la población refugiada de Pakistán. La labor y las condiciones de trabajo son las mismas que durante el régimen talibán, quizás una de las diferencias es que después del 11 de septiembre nos hemos centrado más en viajar al extranjero para informar de la verdadera situación del pueblo afgano.
Esa realidad, ¿dista mucho de la que nos llega por los medios de comunicación?
A través de los medios de comunicación la gente no conoce lo que verdaderamente ocurre. Por ejemplo, el día en que el régimen talibán cayó, desde Kabul las emisoras internacionales de todo el mundo empezaron a decir que Afganistán había sido liberado, que las mujeres no tendrían que llevar más el burqa y que la gente podría escuchar música y bailar. Pero, ¿qué significa libre? Políticamente nuestro país no es libre, ni económicamente; tampoco hay seguridad, no es la liberación que desearíamos. La gente está contenta porque los talibán ya no están, pero eso es lo único positivo tras el 11 de septiembre. Ahora el poder está en manos de la misma gente que gobernaba antes de 1996 (fecha en que entraron los talibán), mucho más responsables, más incluso que los talibán, de toda la destrucción, atrocidades, crímenes y ejecuciones de la población. Esta gente ahora tiene el poder, pero los medios de comunicación no informan de eso, ni de la inseguridad ni de las condiciones de vida de los refugiados que retornan a Afganistán.
¿Cómo se encuentra la población refugiada en Pakistán y en qué condiciones viven las personas que deciden regresar a Afganistán?
Con el establecimiento del nuevo Gobierno, algunas personas han vuelto a su país pero mucha gente no desea regresar porque en Afganistán no encuentra apoyo y el Gobierno no garantiza su seguridad. La gente que retorna no tiene trabajo, ni casa para vivir, ni educación para sus hijos, la pobreza es la misma que la que tenía en Pakistán. En una habitación sin puertas ni ventanas pueden llegar a convivir entre tres y cuatro familias, es decir, entre veinte y veinticinco personas.
Los refugiados en Pakistán piensan que si vuelven a Afganistán las cosas mejorarán porque ha habido cambios, que encontrarán trabajo y una vivienda, pero cuando llegan se decepcionan porque no hay seguridad ni trabajo. De hecho, no hay ningún tipo de empleo y han de hacer cualquier cosa para sobrevivir. Por eso, muchas familias retornadas tienen la esperanza de regresar a Pakistán porque allí hay programas para los refugiados y, aunque sea poco, tienen unos dólares por persona, una casa… pero no vuelven porque no tienen los recursos para ello.
La inseguridad es uno de los principales problemas en Afganistán, ¿no?
Sí. La inseguridad se extiende por todo el país, quizás en Kabul se nota menos por la presencia de los observadores de paz de Naciones Unidas, pero incluso con la presencia de la ONU dos ministros han sido asesinados en seis meses y han atentado contra el presidente Karzai.
En Kabul la situación es ligeramente mejor que en el resto del país: algunas escuelas han abierto y hay más trabajo y libertad para las mujeres. Aun así, en la actualidad entre el 80 y el 90 por ciento de las mujeres lleva el burqa, lo que da una idea de la situación, del miedo y de que las cosas no han cambiado tanto con este nuevo Gobierno.
¿La Administración afgana ha puesto en marcha proyectos efectivos dirigidos a la mujer?
No hay ningún proyecto realmente práctico. Contamos con una ministra en el Gobierno pero en la práctica, ¿qué puede hacer para cambiar las condiciones de las mujeres? No puede hacer gran cosa porque el Gobierno está en manos de los fundamentalistas. Se habla de democracia pero Karzai no controla el Gobierno. ¿Quién tiene el poder, las armas y el dinero? ¿Quién controla la política y decide lo que se hace y lo que no se hace? El ministro de información y cultura, por ejemplo, intenta potenciar el papel de las mujeres en los medios de comunicación y que cada vez sean más visibles, pero no puede porque los medios están controlados por otros grupos que se oponen a esa idea.
Pero a pesar de todas estas dificultades, las mujeres no pierden la esperanza y continúan trabajando por la paz.
Durante el régimen talibán las mujeres se reunían clandestinamente y resistían, como ahora. Entonces, se organizaban para dar clase a los niños en sus casas, siempre en secreto. Las mujeres siempre hemos resistido a la opresión y ahora aún más porque, tras el 11 de septiembre, el poder ha caído en manos de las mismas personas que gobernaban antes de los talibán. En la actualidad existen varias organizaciones de mujeres, en las escuelas, en las universidades… donde hablan y trabajan juntas, pero con miedo, y eso no favorece la democracia.
¿Y no reciben apoyo de la comunidad internacional?
Durante el régimen talibán, la comunidad internacional no hizo nada y ahora su interés en el país es económico, por eso apoya al nuevo Gobierno. Pero lo cierto es que no velan por el respeto de los derechos humanos ni colaboran en la mejora de la situación de las mujeres afganas. Muchos incluso consideran Afganistán una colonia, pero no lo somos, a pesar de los intereses norteamericanos.
Por otro lado, la sociedad afgana está muy cansada, exhausta, a causa de los años de guerra, y sólo quiere vivir en paz, con seguridad, educación para sus hijos y con una vivienda digna; sólo quiere reconstruir Afganistán y tener una oportunidad para vivir.
Más información:
En la página web de RAWA
© Canal Solidario 2002
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