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Los opositores en Guinea Ecuatorial, entre el escepticismo y la esperanza

Por: Redacció el 14/10/02 12:59
Tiempo estimado de lectura : 4 minutos
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Muchos esperábamos que el día de la independencia en Guinea Ecuatorial fuera el de la libertad de los opositores de Obiang. Seguirán en la cárcel y será la minoría bubi la gran beneficiaria del indulto concedido por el dictador.

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Los opositores en Guinea Ecuatorial, entre el escepticismo y la esperanza

Teodoro Obiang

Ya llevan meses en la cárcel cuando un día ya es mucho en las condiciones que denuncian que están distintos organismos de derechos humanos. Son los 63 opositores que aún continúan en prisión, su delito: pedir para los ecuatoguineanos un régimen democrático en el que los derechos humanos estén garantizados. Después de que la Radio Nacional diera a conocer el indulto general decretado por Obiang, ni siquiera los indultados saben quienes son. En el mensaje no se precisaba ni el número ni la condición de los presos que serán puestos en libertas. Pero miembros de la oposición afincados en España aseguran que el término “general” es más una mala utilización del lenguaje que una realidad, y que “el indulto no quiere decir que todos los presos vayan a salir a la calle”.

Los bubis de la isla de Bioko

En un primer momento, la noticia de un posible indulto debió alegrar a los familiares de los presos políticos pero, poco a poco, se está viendo que el perdón, decretado con motivo del aniversario de la independencia, no es tan generoso como cabía esperar. Los principales beneficiarios serán los 40 bubis, etnia minoritaria originaria de la isla de Bioko, que aún continúan en prisión. La represión que Obiang ha lanzado contra los bubis es otro de los capítulos negros de su carrera de dictador, iniciada en 1979 cuando el teniente coronel Teodoro Obiang protagonizara un golpe de estado contra su propio tío. Este último, también dictador, fue ejecutado por orden de su sobrino por crímenes contra la humanidad.

En 1995 varios miembros del Movimiento para la Autodeterminación de Bioko fueron detenidos a lo que siguió una ola de protestas contra las detenciones arbitrarias y las torturas. Un año después Obiang convocaba elecciones generales y disolvía la Plataforma de Oposición Conjunta que englobaba a distintas fuerzas que solicitaban un cambio democrático. Las elecciones las ganó él con un 99% de los votos. En 1998 se detuvo a cientos de miembros de la etnia bubi acusados de haber atacado a militares y de pertenecer al Movimiento para la Autodeterminación de Bioko. Para Amnistía Internacional fueron detenidos únicamente por su origen étnico.

Tanto el indulto de los últimos disidentes que aún quedaban en prisión como el hecho de que la fiesta de la independencia la haya celebrado en el mismo lugar, la zona de Luba, donde se produjeron los enfrentamiento que les llevaron a la cárcel, ha sido considerado por muchos como un símbolo de distensión entre Obiang y los bubis.

La gran indulgencia del dictador también se reparte entre los presos mayores de 70 años y las mujeres. Además también se beneficiarán presos reincidentes y responsables de delitos dolosos, según declaraciones de Adolfo Marugán, secretario general de la Asociación para la Solidaridad Democrática con Guinea Ecuatorial, a Europa Press.

La oposición democrática entre rejas

Aunque sin duda la liberación de los bubi es un hecho positivo, la esperanza estaba puesta en que fueran también indultados los 144 miembros de la oposición juzgados entre el 23 de mayo y el 9 de junio. Entre ellos, las tres figuras más carismáticas del movimiento pacifista democrático guineano: el ex presidente del Parlamento, Felipe Ondó Obiang, el ex ministro de Economía, Guillermo Nguema Elá, y el secretario general de la Convergencia para la democracia Social, Placido Micó. Todos ellos tienen por delante entre 6 y 20 años de cárcel. Al juicio pudieron acceder distintos observadores internacionales, diplomáticos, periodistas y representantes de ONG. Amnistía Internacional también estuvo presente y, el resultado fue un informe con un título bastante explicativo, ’Guinea Ecuatorial: una parodia de un juicio’.

De él se extraen sentencias tan tajantes como que “el proceso fue organizado con el único objetivo de acabar con los últimos opositores políticos pacíficos que resisten el hostigamiento permanente de las autoridades”. Y es que para AI, como para la mayoría de la comunidad internacional, los presos que aún continúan en la cárcel son presos de conciencia, arrestados únicamente por sus opiniones políticas. Las condiciones en las que se produjo el procesamiento ya son de cuestionable legitimidad. En primer lugar, los 14 abogados que componían la defensa no fueron elegidos libremente por los detenidos, y tan sólo contaron con 24 horas para preparar su alegato. Además, en la sala sólo se encontraban 125 de los 144 detenidos, el resto permanece en paradero desconocido. Fueron declarados culpables 64 de ellos, en la cárcel sólo quedan 62, dos de ellos no aguantaron las torturas.

La siniestra cárcel de Black Beach donde se hayan recluidos no tiene pinta de ser demasiado confortable. En primer lugar, los detenidos fueron desnudados y hacinados en pequeñas celdas sin acceso a atención médica y negándoles los alimentos que sus familias les habían llevado. Durante el proceso, los opositores explicaron a los presentes el tipo de tortura de la que habían sido objeto: colgados de una barra con los antebrazos atados con cuerdas detrás de la espalda y las piernas. Un tiempo en esta postura y los huesos del brazo se rompen, los de las piernas, en algunos casos, también. Los golpes, palizas y latigazos tampoco son inusuales, condena AI.

Dos esposas de los detenidos, durante una visita a Black Beach, fueron torturadas y una de ellas violada por los soldados. Esta situación saltó a la palestra internacional cuando se conoció la muerte de Juan Ondó Nguema. De 28 años, este ecuatoguineano tenía el orgullo y la mala suerte de ser el sobrino de Felipe Ondó Obiang, máximo dirigente de la formación no legalizada Fuerza Democrática Republicana. Durante el juicio negó en repetidas ocasiones su vinculación a dicho partido, su abogado achacaba el hecho de que fuera detenido a su parentesco con Ondó Obiang. Fue condenado a seis años de cárcel. Después de llevar cuatro días sin comer ni beber, fue trasladado al hospital de Malabo donde finalmente murió. Sus compañeros de cautiverio le deben el plato de arroz diario que desde entonces reparten las autoridades carcelarias.

© Canal Solidario 2002

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