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"Los soldados que mataron inocentes en El Salvador beben y rezan para olvidar pero no piden perdón"

Por: Redacció el 22/12/04 20:00
Tiempo estimado de lectura : 6 minutos
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Cuando era muy pequeño, Lucio Carrillo vio como la guerra se llevaba la vida de sus padres y ocho hermanos. Su vida transcurrió en orfanatos hasta que una ONG le ayudó a encontrar a sus hermanas. Canal Solidario recoge su testimonio.

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"Los soldados que mataron inocentes en El Salvador beben y rezan para olvidar pero no piden perdón"

http://www.probusqueda.org.sv

Entre 1980 y 1992, El Salvador vivió una guerra civil que dejó más de 75.000 muertos y 25.000 heridos. A las cifras se suma también la desaparición forzada de unas 8.000 personas, muchas de ellas menores de edad. Uno de estos niños es Lucio Carrillo, que tras la muerte de sus padres y ocho de sus once hermanos fue llevado a varios orfanatos del país hasta que la ONG Pro-Búsqueda, fundada por el jesuita vasco Jon Cortina, se puso en contacto con él y encontró a sus hermanas.

En los últimos diez años, Pro-Búsqueda ha recibido 740 solicitudes de familiares que todavía hoy buscan a sus hijos o sobrinos desaparecidos y ha resuelto unos 260 casos. La labor de esta organización y el testimonio de cinco jóvenes reencontrados se recoge en el libro Historias para tener presente (UCA Editores) y en su reciente traducción al catalán Segrestats per la guerra de Viena Edicions. Canal Solidario-OneWorld ha conversado con Lucio Carrillo.

¿Por qué decidiste plasmar tu historia en papel?
La idea surgió hace siete u ocho años, cuando doce de los 150 jóvenes desaparecidos y encontrados por Pro-Búsqueda nos planteamos qué podíamos hacer por los demás jóvenes. Decidimos escribir nuestra historia y, después de muchas horas de trabajo entrevistando a nuestros familiares y visitando lugares para recordar, conseguimos dar forma a cinco casos.
Nuestra idea era que la gente conociera la historia de los niños desaparecidos en la guerra de El Salvador, explicar el trabajo de Pro-Búsqueda y destacar que hasta ahora el Gobierno de nuestro país no ha mostrado ningún interés en el tema ni nos ha apoyado.

El Ejército salvadoreño acabó con la vida de tu madre cuando sólo tenías tres años y fue tu padre quien te crió hasta que una bomba lo mató. Desde entonces, pasaste por varias familias y orfanatos del país hasta que Pro-Búsqueda te localizó y te reencontraste con tus hermanas. ¿Cómo viviste todos esos años?
Mi padre murió en 1985, yo tenía 7 ó 8 años, no lo recuerdo muy bien porque era muy pequeño. Lo que sí recuerdo perfectamente es que una bomba lo mató. El día en que murió me dijo que no le acompañara, que iba al cementerio a buscar fruta, y me quedé en el campamento de mala gana. Entonces lo trajeron entre varias personas porque estaba herido.
Antes de morir me dijo que si tenía la oportunidad de salir de la zona donde vivíamos la aprovechara y me aconsejó que estudiara mucho. Yo se lo prometí, pero tan sólo era un niño que en ese momento veía cómo a su padre le faltaba una pierna y tenía destrozada la cara a causa de la bomba. No estábamos en un hospital, sino en un campamento bajo unos árboles y mi padre murió. Al día siguiente, mi hermano, que combatía con la guerrilla, bajó hasta el campamento y juntos pusimos una cruz donde estaba enterrado el cuerpo de mi padre.
A los pocos días vino a buscarme una señora que, por alguna razón, se enteró de que mi padre había muerto. Me llevaron a una casa con muchas medidas de seguridad y unos días después me llevaron a otra casa en un coche con vidrios tintados. Allá me tuvieron un mes, hasta que fui a parar a un orfanato donde había unos 400 niños, la mayoría por la guerra, otros porque eran pobres y algunos probablemente por su conducta. En este centro estuve cuatro años, tenía miedo, me sentía solo y no contaba nada a nadie.

¿Recordabas lo que había sucedido y de dónde venías?
Recordaba el día en que asesinaron a mi mamá, recordaba cómo era la casa, recordaba el trapecio que mi papá ponía en el árbol que había detrás de la casa para que me meciera, recordaba a mi abuela regresando del mercado… Cuando reencontré a mi hermana le expliqué todos estos recuerdos, algunos de cuando sólo tenía tres años.
Recuerdo también, por ejemplo, que una señora que trabajaba en uno de los orfanatos me quería mucho y que cuando ella dejó el empleo me escapé y viví con su familia durante todo un año. En todo ese tiempo fui a la escuela, pero me portaba tan mal a causa de todos los problemas que tenía que me expulsaron. Al final también tuve que dejar a la familia y llegué a otro centro donde no trataban muy bien a los chicos. A pesar de todo, no me podía ir porque le había prometido a mi padre que aprovecharía las oportunidades y porque no tenía a nadie que me cuidara.

¿Durante tu estancia en ese centro conociste a Pro-Búsqueda?
Sí. Ellos habían revisado muchos de los expedientes de los orfanatos y vieron mi historial: había vivido la guerra, la mayoría de mis onces hermanos estaban muertos… me localizaron, les conté todo lo que recordaba y que había oído que una de mis hermanas vivía en la región de Apopa. A los cinco meses me dijeron que la habían localizado. ¡Pasé varios días sin dormir de la emoción! Yo, entonces, tenía 18 años y hacía 15 que no veía a mi hermana. Cuando la reencontré y le expliqué todos mis recuerdos, me confirmó que eran reales.
Todo esto ocurrió en 1995. Cinco años más tarde, y también a través de Pro-Búsqueda, encontramos a mis otras dos hermanas. Fue muy emocionante porque ellas ya no pensaban encontrarme. Desde entonces trato de mejorar mi relación con ellas, porque hemos pasado tantos años separados que no es fácil reconstruir todo de nuevo.

El hecho de que tuvieras algunos recuerdos fue muy útil para encontrar a tu familia, algo con lo que muchos otros jóvenes no cuentan porque eran demasiado pequeños para acordarse ¿verdad?
Muchos no recuerdan nada. Recordar es una ventaja y algo que me ha ayudado en la vida; yo sabía que estaba solo pero no porque mis padres no quisieran estar conmigo sino por la situación de guerra que hubo. A veces, sin embargo, duele saber que han matado a mi madre, a mi padre y a mis hermanos, sobre todo en fechas especiales.

¿Crees que en El Salvador hay miedo a recordar y a saber la verdad sobre la guerra?
Los militares y el Gobierno tienen miedo a que se les juzgue, pero nosotros no pedimos un juicio. Buscamos a los niños inocentes, no a los culpables de su desaparición. Ejemplo de ello es que muchas veces, en mi trabajo en Pro-Búsqueda, he de hablar con gente que sé que asesinó a personas inocentes, pero tengo que tragarme lo que sé de ellos y disimular para conseguir información.
Algunos militares que en su día se quedaron con niños desaparecidos, por miedo, los han enviado a estudiar fuera del país y, junto con el Estado, no permiten que se cree una Comisión Nacional de Búsqueda. Muchos militares y soldados están arrepentidos por lo que hicieron durante la guerra y se refugian en el alcohol y en la religión. Pero esto no sirve de nada hasta que no pidan perdón.
Yo no les perdono. ¿Cómo voy a perdonar a alguien que torturó a mi madre y la mató? ¿Cómo voy a perdonar a los que mataron a mi abuela? ¿O al que disparó y mató a mi hermano mientras estaba tumbado en una hamaca?

Derecho a saber quiénes somos

Desde que conociste a Pro-Búsqueda has estado ligado a la organización. ¿Qué haces ahora exactamente?
Investigo para poder dar respuesta a casos de jóvenes desaparecidos, para devolver un poco lo que a mi me hicieron y ayudar a otros jóvenes a encontrar a sus familias biológicas y a descubrir su identidad. Porque yo, cuando me desaparecí, no sabía mi verdadero nombre ni mi edad, y a muchos jóvenes aún les pasa lo mismo. Mi ventaja fue saber quienes eran mis padres y qué había pasado con ellos. Pero, por ejemplo, no supe mi edad hasta que me reencontré con mi hermana y que dijo que tenía 18 años.

Como niño desaparecido durante la guerra, ¿has recibido alguna reparación moral o material por parte del Gobierno?
No. Pro-Búsqueda ha presentado un anteproyecto de Ley sobre este tema pero los diputados no le han dado el visto bueno. No nos han reparado nada, no nos han dado ni una disculpa y ni siquiera nos toman en cuenta.

¿Cómo crees que El Salvador puede avanzar hacia la reconciliación?
Para que haya una reconciliación ha de haber mucha voluntad por parte del Gobierno y los militares. Nosotros también debemos perdonar, pero primero han de pedir perdón y facilitar toda la información sobre los desaparecidos.

Más información:
Asociación Pro-búsqueda
Reseña del libro Segrestats per la guerra: Cinc històries d’infants desapareguts durant la guerra civil del Salvador, editado por Viena Edicions con la colaboración de la ONG Entrepobles.
Si deseas colaborar con Pro-Búsqueda puedes hacerlo a través de la cuenta 2100-3205-11-2200362790 de La Caixa, indicando el concepto ‘Pro-Búsqueda’

Canal Solidario-OneWorld 2004

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