Miembros de PNUD y BM admiten faltas institucionales y apuestan por la gestión de los beneficiarios
Expertos participantes en el Congreso Internacional ‘Fortalecimiento Institucional y Desarrollo’ apuntan a un modelo de instituciones y proyectos en el que los beneficiarios planifiquen, desarrollen y gestionen los fondos.
Altos costes con relativa baja efectividad, utilización de personal externo en lugar de crear capacidades individuales e institucionales, calidad cuestionable del personal, objetivos poco definidos… Las críticas al modelo actual en el que se basan los proyectos de desarrollo realizados a través de instituciones y ONG han centrado los debates del Congreso Internacional ‘Fortalecimiento Institucional y Desarrollo’.
El encuentro ha sido organizado en Madrid por el Centro de Estudios de Cooperación para el Desarrollo durante esta semana y ha reunido a expertos de instituciones internacionales como Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo Multilateral de Inversiones o el Banco Interamericano de Desarrollo; además de grandes ONG como Intermón Oxfam o Acción Internacional.
Los expertos participantes han reconocido que el actual sistema de creación de instituciones y desarrollo de proyectos perpetúa muchos errores y han coincidido en la necesidad de cambiar de modelo, ensayando sistemas en los que se sitúe como responsables y protagonistas a los beneficiarios y beneficiarias de las iniciativas, a través de la formación para la planificación, el desarrollo técnico y la gestión de los fondos.
Fortalecimiento de capacidades
“Ha habido un desperdicio enorme de recursos. En diez años en América Latina se han debilitado las instituciones que creamos y en África han desaparecido”, reconoce Luis Gómez Echeverri, director adjunto de la Oficina de Políticas de Desarrollo del PNUD.
| “Ha habido un desperdicio enorme de recursos. En diez años en América Latina se han debilitado las instituciones que creamos y en África han desaparecido” |
Piensa que, por parte de los organismos internacionales, los errores más frecuentes a la hora de fortalecer las instituciones es trabajar a corto y no a largo plazo, utilizar fórmulas muy tecnicistas sin adaptarse a la cultura local, abusar del personal expatriado y crear sólo instituciones a nivel nacional, y no a nivel local y regional.
Anota que en décadas recientes más de un cuarto de la ayuda internacional se utilizó en cooperación técnica, de la cual la mayoría fue destinada al desarrollo institucional. “A pesar de estos esfuerzos, el desarrollo de capacidades institucionales continúa siendo una de las dificultades y retos centrales”, afirma.
Gómez Echeverri apuesta por hablar más del “fortalecimiento de capacidades” de las personas y de los grupos, en lugar de utilizar el término “fortalecimiento institucional” y ensayar un modelo “como un contrato” donde los usuarios también serán responsables de los proyectos.
Aprender haciendo

Catherine McSweeney es especialista en desarrollo local del Banco Mundial y también participó en el congreso. Ella colabora en el desarrollo de proyectos con el modelo ‘Community-Driven Development’ (en inglés, Desarrollo Dirigido por la Comunidad), muy en la línea de las propuestas de Gómez Echeverri.
McSweeney asegura que una de las claves del fortalecimiento institucional es implicar a los usuarios en la planificación del proyecto para que sean realistas, prioricen, negocien, lo defiendan y se lo apropien.
Otra clave es que sean ellos mismos canalicen los fondos. Para eso, se les forma para que se encarguen de informar, llevar la contabilidad y realizar la evaluación de los mismos. En resumen, la estrategia es “aprender haciendo”.
McSweeney afirma que gracias a este enfoque se llega realmente a los que menos recursos tienen y se involucra realmente a las comunidades, sobre todo a los grupos marginados: “En Indonesia, un estudio demostró que en general la participación de las mujeres en reuniones públicas para decidir sobre la utilización de recursos era de un 1% y en estos proyectos de desarrollo impulsado por la comunidad era de 36%”.
Otra de las ventajas de este modelo es la reducción de gastos en la obtención de bienes públicos, ya que la comunidad los consigue a un coste menor que los que proporciona el Gobierno.
“En Sri Lanka, el coste de construir carreteras es un 30% menor. En Indonesia los proyectos sobre agua cuestan un 36% más si se involucra a la comunidad –explica– porque hay un escrutinio: la comunidad averigua cuánto cuesta un paquete de cemento y sigue muy de cerca todos los gastos”.
En su opinión, los retos de este sistema son la alta inversión en tiempo que requiere, la dificultad de cambiar la cultura organizativa para descentralizar, coordinar los proyectos resultantes –ya que suelen ser multisectoriales, y por tanto más complejos– y lograr repartir un poder del que sólo disponen pocos.
Más información:
Centro de Estudios de Cooperación para el Desarrollo
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