¿Para qué sirven las disculpas?
Más allá de la destrucción que genera una guerra como la de Irak, Olivier Longué, director de AcH España, llama la atención sobre el trasvase de fondos desde programas de ayuda humanitaria y desarrollo en otros países, al gasto militar.
Las imágenes de tortura de los presos iraquíes nos recuerdan que la guerra es sucia, siempre sucia. La guerra conlleva siempre la tortura, la violencia y el hambre: el castigo a los más vulnerables. Desde Acción contra el Hambre, organización humanitaria, neutral e independiente, no podemos disertar sobre la decisión política que supone entrar, o salir, de la guerra de Irak pero sí debemos compartir las lecciones que hemos aprendido después de 25 años, trabajando directamente con las poblaciones víctimas de los conflictos.
Nuestra experiencia demuestra que las guerras afectan siempre a los grupos más vulnerables de la población, sea del bando del agresor, sea del bando del agredido. Los que vivían mal en tiempo de paz, viven peor en tiempo de guerra: la guerra es hambre para hoy y hambre para mañana.
La experiencia avala también que la tortura en tiempo de guerra no es ningún accidente, forma parte de un sistema donde la violencia, sea física, sea psicológica, está no sólo autorizada, sino recomendada para desmoralizar, humillar, obtener información del enemigo o de los presuntos enemigos. La guerra no tiene espacio para los inocentes y cada vez menos para la neutralidad de las organizaciones humanitarias.
Más allá de las poblaciones directamente afectadas, descubrimos que las guerras pueden también dañar a los seres más indefensos aunque estén a miles de kilómetros del conflicto. Los recursos de los países de la coalición en Irak, especialmente de Estados Unidos, se han movilizado en detrimento de los demás programas de desarrollo y de ayuda humanitaria en África, América Latina o Asia. Según Oxfam, en el año 2003, el gasto en ayuda humanitaria por persona en Irak fue de 73,99 dólares, mientras que en Liberia sólo recibieron 18,79 $ por persona y en Chechenia se redujo a 11,18 $.
En Angola, nuestras investigaciones demuestran que más de un millón de personas está en situación de inseguridad alimentaria, o dicho de otra forma, a punto de padecer una hambruna. Aunque el país ha firmado la paz hace ya dos años, las minas, la falta de recursos para fomentar la agricultura y la quiebra del sistema de salud, van a dejar a miles de niños sin comida en los próximos meses.
Las actividades del Programa Mundial de
Alimentos (PMA) en Irak, están financiados en un 99%, (2.000 millones de dólares) mientras que el total de las peticiones de fondos para toda África, por parte de la ONU en el año 2003, no ha superado los 1.700 millones de dólares. Más allá del dinero, el desinterés de la comunidad internacional mata en silencio.
En Liberia, un conflicto totalmente olvidado, se dispara un 30% la tasa de desnutrición en las zonas del país donde nuestros equipos todavía pueden acceder; en las zonas prohibidas, que son la mayoría, la matanza continúa y se extiende a los países vecinos, Costa de Marfil y Guinea. En Sudán, nuestros centros de nutrición están al máximo de su capacidad, y ya no dan abasto para admitir a los niños que nos llegan después del último brote de violencia, que azota la zona del Darfur.
Más allá de los intereses políticos, la focalización sobre la lucha contra el terrorismo provoca el más absoluto autismo por parte de la comunidad internacional. Mientras que se utiliza el comodín del terrorismo, enemigo mal identificado, polifacético y multiuso, un gobierno puede acabar tranquilamente con todas las reivindicaciones separatistas, los pueblos rebeldes o las religiones minoritarias. Así, Chechenia muere, no por el
último magnicidio, sino por el lento genocidio que sufre la república secesionista.
Mientras tanto, los jefes de estado y los ministros de defensa de la coalición presentan disculpas por las crueles imágenes de tortura. Los informes de Amnistía Internacional y de la Cruz Roja demuestran, sin embargo, que no estamos frente a un incidente aislado, estamos frente a un sistema: la guerra. Estas fotos borrosas, por muy insoportables que sean, nos deben ayudar a poner un final a la leyenda de los conflictos supuestamente limpios y tecnológicos, y a recordar que la guerra sigue siendo la guerra. Por muchas disculpas que se pidan, debemos recordar que detrás de los cuerpos humillados de los torturados, más allá de los millones de dólares que se malgastan en la guerra, sufren y mueren millones de víctimas.
*Olivier Longué es director de la organización Acción contra el Hambre en España
CanalSolidario OneWorld no se responsabiliza ni tiene porqué coincidir con de las opiniones vertidas por los autores de estos artículos.
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