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Testimonio de un cooperante español en Palestina

Por: Redacció el 12/11/04 10:40
Tiempo estimado de lectura : 5 minutos
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Carlos Cabo, cooperante de Solidaridad Internacional en Palestina, explica los problemas habituales del personal humanitario en la región y las reacciones de la población tras la muerte de Arafat.

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Testimonio de un cooperante español en Palestina

Dos palestinos cargan ayuda humanitaria / www.cicr.org

De alguna manera la muerte de Arafat era una muerte anunciada y existe entre los palestinos la sensación de que se va un líder cuya ausencia va a afectarlos en su día a día, en tanto que se abre una nueva e incierta etapa política. Con ello, no ha habido demasiadas muestras de dolor o protesta durante la espera.

La mañana de hoy (jueves 11 de noviembre) ha discurrido con mucha tranquilidad. En Ramallah la gente se ha ido concentrando en la ‘Mukata’. No ha habido concentraciones en Jerusalén, aunque los comercios están cerrados, no hay escuela y las mezquitas y radios lanzan azoras del Corán. Hay que destacar que en Cisjordania los ánimos suelen ser más tranquilos, bien porque hay menos concentración de población y menos continuidad territorial, bien porque las facciones más beligerantes (Hamás y Yihad) tienen menos presencia.

En Gaza, especialmente en los campos de refugiados de la Franja, se están viviendo manifestaciones más numerosas en las que se mezcla la rabia con el dolor. Puede decirse que esta es una de las zonas más conflictivas de los territorios, seguida por Nablus y Jenin. Lo que cabría esperar en las próximas horas, a raíz del entierro, son algunos enfrentamientos con piedras contra la policía y el Ejército israelí. En estos momentos hay algunos enfrentamientos de este tipo en Hebrón y Kalandia, el checkpoint que da entrada a Ramallah y que se encuentra cercano al campo de refugiados del mismo nombre.

En este sentido, las fuerzas israelíes tienen un plan diseñado desde hace varios meses que preveía los modos de acción tras la muerte de Arafat. Este plan está aceptado por las autoridades palestinas y consiste en dejar la responsabilidad de la seguridad dentro de los territorios a las fuerzas del orden palestino, que estarían autorizadas a llevar armas, y el Ejército israelí se mantendría fuera de los territorios, controlando los checkpoints y reforzando las fuerzas en esos puntos que dan entrada a los territorios.


Al mismo tiempo, el plan contempla la retirada de las tropas que pudieran estar fuera del perímetro de estos checkpoints. De hecho, así ha ocurrido, ya que el Ejército se ha retirado del campo de refugiados de Jenín, donde llevaba varios días, y de otras zonas de los alrededores de Ramallah. La idea es no provocar a los palestinos en su duelo para no encender la llama de los enfrentamientos, como ocurrió hace unas noches en Jerusalén.

Las fuerzas israelíes en Jerusalén se mantienen en las calles con mucha discreción y se trata en este caso de policías, a diferencia de las circunstancias normales, en las que la presencia de los militares es mucho más importante. Esta mañana (11 de noviembre) los checkpoints estaban abiertos, si bien con controles reforzados, y la idea de los planes israelíes es evitar que se concentre mucha población.

¿Un posible proceso de paz?

En cuanto a la posible relación entre la muerte de Arafat con la reactivación de las negociaciones de paz con Israel, hay que decir que no existe un proceso de paz desde que estalló la segunda Intifada; desde entonces, lo que ha habido es un intento de volver a la mesa de diálogo con planes que condicionaban la vuelta a las negociaciones al fin de la violencia.

En segundo lugar, el momento histórico que se abrió desde el 11 de septiembre y el consenso sobre la lucha contra el terrorismo ha dado mayores apoyos a Ariel Sharon para seguir con sus estrategias, en tanto que Estados Unidos no se opone a las acciones que Israel lleva a cabo y se “desentiende o comprende” las acciones israelíes, como la última desarrollada en el mes de octubre en Yabalia, con más de 130 palestinos muertos y muchos más heridos.

En este sentido, la muerte de Arafat abre un proceso en el que se puede ver una oportunidad para la vuelta a las negociaciones y ello porque Israel se queda sin argumentos para no negociar, en tanto que Arafat
ya no existe. Pero si la violencia continúa estos argumentos podrían renovarse con cualquier otro dirigente en el Gobierno. Además, un proceso de elecciones en un plazo de dos meses puede reactivar la implicación de Europa y especialmente de Estados Unidos para volver a las negociaciones y superar el estado de impasse actual.

Sin embargo, en el proceso que se abre se vislumbran incertidumbres. Básicamente por las posibles luchas de poder entre las distintas generaciones de líderes como ocurre en Fatah, con unos líderes históricos desgastados y curtidos en el exilio y otros con apoyo popular desde la Intifada. También es posible vislumbrar tensiones entre Hamás y el resto de movimientos que se integran en la OLP, pues en unas hipotéticas elecciones, esta organización contaría con mucho apoyo en algunas zonas,
especialmente en Gaza.

Cabe decir también que las autoridades israelíes no estarían muy interesadas en unas negociaciones en pie de igualdad, ahora que poseen un plan unilateral que podrían hacer pasar como una concesión cuando en realidad no lo es, pues sólo beneficia a sus tesis de integración del mayor territorio posible en Israel y porque unas negociaciones podrían dar al traste con la ventaja que ha adquirido en términos estratégicos y de seguridad.

Problemas a diario para los cooperantes

Organizaciones como Solidaridad Internacional iniciaron su cooperación con Palestina motivadas por el apoyo a este pueblo, a la democratización y al desarrollo de una sociedad que se movía en un proceso de paz que habría de dar lugar a un Estado palestino en su estatuto final. La Segunda Intifada, sin embargo, obligó a reconvertir muchos de los proyectos de desarrollo en actuaciones de emergencia, ante el continuo deterioro de los indicadores de desarrollo humano que se vivía a causa del conflicto.

Los problemas que cada día enfrentamos las ONG tienen que ver sobre todo con la movilidad, los cierres y los enfrentamientos, que provocan retrasos en nuestros proyectos y desvían una gran cantidad de energías hacia el control del medio en el que nos desenvolvemos.

La presencia del Ejército israelí es constante y para entrar a los territorios el personal expatriado es sometido a controles de pasaportes, sin que existan fronteras internacionales entre una aldea y otra. La entrada, en todo caso, puede ser prohibida por las autoridades israelíes en cualquier momento.


De hecho, actualmente en la Franja de Gaza ni siquiera es suficiente un pasaporte extranjero en regla para entrar y es necesario realizar una “coordinación” con las autoridades que implica suministrar información de la organización para la que trabajas y obtener una autorización en el momento de cruzar el control que da acceso a la Franja.

A esta situación se suma la existencia de restricciones horarias para la entrada y salida de los territorios. A pesar de todo, nuestra situación es incomparablemente mejor a la del personal local de las ONG y a la de los civiles palestinos, que no tienen un estatuto internacional que les garantice la libertad de movimientos.

Más información:
Solidaridad Internacional

Canal Solidario OneWorld 2004

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