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Edición estatal Edició Catalunya

Tres años de crisis, tres meses de indignación

Por: Esther Vivas el 09/09/11 13:15
Tiempo estimado de lectura : 3 minutos
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Llegaremos al tercer aniversario de la crisis con una sensación ambivalente. Tenemos la cruel constatación de la magnitud de la tragedia. Sin embargo, llegamos a este punto con la alentadora evidencia de que, finalmente, la revuelta social contra un estado de cosas intolerable ha comenzado.

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Tres años de crisis, tres meses de indignación

La foto es de Público

Nos acercamos al tercer aniversario de la quiebra de Lehman Brothers y del estallido formal de la crisis, “una racionalización irracional de un sistema irracional” como nos recuerda el geógrafo David Harvey. En el momento del crack del sistema financiero, los dueños del mundo vivieron un breve momento de pánico alarmados por la magnitud de una crisis que no habían previsto, por su falta de instrumentos teóricos para comprenderla y por el temor a una fuerte reacción social. Llegaron entonces las vacías proclamas de “refundación del capitalismo” y los falsos mea culpa que se fueron evaporando, una vez apuntalado el sistema financiero y en ausencia de una explosión social.

Se entró así en una nueva fase en la que, con la crisis y el déficit como pretexto, las políticas aplicadas en el conjunto de la Unión Europea han buscado recortar los derechos sociales, infligir una derrota histórica a los trabajadores y reforzar los mecanismos de dominación de clase. Para los poderes económicos las regulaciones sociales que aún existen en el viejo continente son un freno para la competitividad internacional de la economía europea y un molesto peso en la espalda del que se quieren deshacer. Las medidas del gobierno Zapatero desde mayo de 2010 y los recortes del gobierno de Mas, en Cataluña, el “gobierno de los mejores” (con las tijeras), se inscriben plenamente en esta dinámica general.

Llegaremos al tercer aniversario de la crisis con una sensación ambivalente. Por un lado, tenemos la cruel constatación de la magnitud de la tragedia y los graves efectos sociales de un descalabro económico que, lejos de haber quedado atrás, amenaza con agravarse con la aceleración de las turbulencias financieras internacionales, en un contexto donde las clases dominantes manifiestan una virulenta determinación por hacernos pagar a todos el coste de su crisis. Por otro lado, sin embargo, llegamos a este punto con la alentadora evidencia de que, finalmente, la revuelta social contra un estado de cosas intolerable ha comenzado.

Efectivamente, si el movimiento del 15M ha transmitido algún mensaje, éste es el de la esperanza, ante el desánimo y el pesimismo, en la capacidad colectiva de cambiar las cosas y de poder ser sujetos activos, y no meros objetos pasivos de las necesidades del capital y su lógica del beneficio y la competencia. La indignación es, precisamente, como señalaba Daniel Bensaïd, “lo contrario del hábito y la resignación”.

La esperanza que el movimiento ha traído a aquellos que quieren “cambiar el mundo de base” es directamente proporcional a la inquietud que ha generado en los grupos dominantes de la sociedad, abruptamente interpelados por un nuevo actor que desafía su monopolio sobre los asuntos colectivos y la vida pública y cuestiona las definiciones oficiales de la crisis, que presentan una visión unilateral e interesada.

El 15M y la política dominante representan dos lógicas diferentes, irreconciliables. Por un lado, la aspiración a la justicia social y a una democracia real en el sentido más amplio del término, es decir, a la capacidad de decidir sobre el propio destino. Por otro lado, los dictados de los intereses empresariales y el imperio del beneficio privado. Ambas marcan dos hojas de ruta antagónicas para nuestra sociedad. Nuestro futuro será muy diferente en función de qué prevalezca.

En sus tres meses de existencia, el movimiento ha significado un fuerte proceso de politización de la sociedad, de reinterés por los asuntos colectivos y de reocupación social de un espacio público usurpado cotidianamente por los intereses privados. Ha significado un aprendizaje colectivo del ejercicio de la democracia y la autoorganización. Nos ha enseñado a comenzar a “aprender a desaprender” para deshacernos de las ideas hegemónicas sobre la realidad y ha contribuido a difundir un “sentido común alternativo”.

La marea de indignación movilizada no ha alcanzado todavía suficiente fuerza para detener las políticas en marcha, si bien ha logrado algunas victorias concretas, aunque defensivas, importantes como la parálisis de muchos desahucios y el debilitamiento de la aplicación de las ordenanzas del civismo.

Todo ello, no es un mal balance para un movimiento que, guste o no, está apenas empezando a demostrar lo que es capaz.

Josep Maria Antentas es profesor de sociología de la UAB y Esther Vivas es miembro del Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales (CEMS) de la UPF. Artículo publicado en Público (ed. Catalunya), 03/09/2011.

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1 comentario

Por: onuba el 09/09/11 18:41

Realmente,todo el Artículo escrito y publicado por ambas personas a los que me merece un respeto especial, se conjuga con la necesidad por una parte del Pueblo a obtener Democratícamente el derecho como ciudadanos a elegir libremente su estado y posición según la Carta Magna en la que se otorga todos los derechos y obligaciones. De hecho el Capitalismo respaldado por unas administraciones Bancarias mundial hacen más imposible conseguir unas relaciones entre el Pueblo y el Capital para llegar a una armoniosa y transparente Democracia con la finalidad de que ambos sectores cumplan con dignidad su papel en la Sociedad. Desgraciadamente en nuestro País esto no está sucediendo dado que la Banca y el Capital propiamente dicho ampara descaradamente a unos partidos que sólo miran hacia atrás dejando a un lado la voz y el derecho de un Pueblo,por el mero hecho de conseguir sus propios inmtereses particulares y Políticos. Si no acabamos con esta idea arcaica y represiva políticamente nos veremos abocados a un conflicto social de graves consecuencias é imposible de parar.El paro por un lado,la situación de los Estudiantes por otro,la Sanidad,la Educación y la economía ,y una Justicia simplista e injusta hacen más difícil la situación que tenemos. Si no se llega a conseguir un Partido honesto,transparente y humano salido del pueblo,para el pueblo y por el pueblo que rete y termine con la hegemonía y el monopolio de los dos grandes partidos que tenemos mas fuerte,no llegaremos a una victoria merecida del Pueblo libre y trabajador,por ello sigo reivindicando a todos los colectivos sociales del País,que se apresuren y formalicen dicho partido que tanta falta está haciendo para acabar con este atropello que sólo nos ha deparado,corrupción,estafas,especulación,y abusos a todos los niveles.Sin más Esther te vuelvo a saludar y un abrazo aunque no me hayas contestado a mis críticas en Facebook.Un amigo ALBERTO

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