Un modelo alimentario que amenaza la supervivencia del planeta
El fenómeno del hambre es consecuencia de un amplio conjunto de factores (guerras, epidemias, desastres naturales, corrupción…). Pero también existen causas directamente relacionadas con el acceso a los recursos naturales y con el modo en que estos reciben el impacto de la actividad humana.
“Las crisis del agua, de la biodiversidad, las crisis sociales, energéticas y financieras se encuentran todas unidas y son las consecuencias del neoliberalismo y del modelo de agricultura industrial promovido por las instituciones financieras internacionales (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y Organización Mundial del Comercio), los tratados de libre comercio, el Consejo Mundial del Agua, las multinacionales y la mayoría de los gobiernos”.
La organización Vía Campesina resume con estas palabras la situación actual de crisis a nivel global producida por los excesos del sistema capitalista y del modelo agrícola que este fomenta. El agronegocio, efectivamente, ha impulsado y consolidado en las últimas décadas toda una serie de prácticas que han acabado dañando gravemente el medio ambiente y comprometiendo seriamente el futuro del sector rural.
Destruir los recursos naturales para producir alimentos
Deforestación, contaminación de los acuíferos, suelos que pasan a ser improductivos como resultado del uso continuado de fertilizantes de origen industrial… son sólo algunas de las secuelas del modelo de agricultura intensiva tradicional. Un modelo que en los países del Sur permite y facilita que grandes empresas transnacionales, con la connivencia de los gobiernos locales, continúen amenazando la biodiversidad y condenando a un buen número de comunidades rurales al hambre y a la miseria.
Una de las máximas expresiones de este modelo agrícola son los monocultivos, que se han expandido con fuerza en los últimos años. Casos ilustrativos son el de la soja, un alimento que se utiliza principalmente para fabricar piensos animales y cuya producción, tal y como refleja Greenpeace en su informe Devorando la Amazonia, está acelerando el proceso de deforestación de la selva amazónica en Brasil. La pesca es otro claro ejemplo de como los sistemas intensivos acaban con los recursos naturales, además de no dejar beneficios económicos en las poblaciones productoras: un estudio de Veterinarios sin Fronteras sobre el salmón muestra como el 98% de la producción de este producto en Chile es destinada a la exportación.
Los efectos negativos del monocultivo se han hecho especialmente patentes en los últimos años, a raíz de la subida de precio de determinados productos básicos, provocando en muchas poblaciones una situación de emergencia económica. Y en este proceso tienen mucho que ver los llamados biocombustibles o agrocombustibles. Asociados por definición a la práctica del monocultivo, su popularización pone en riesgo el acceso de buena parte de la población mundial a alimentos de la canasta básica y contribuye a incrementar la aceleración del cambio climático, el expolio de tierras, la expulsión de miles de campesinos de sus territorios o el aumento de prácticas financieras especulativas con los productos alimentarios.
Alimentos que dan la vuelta al mundo
Cada vez aumenta más el número de alimentos importados que consumen los países industrializados. Este hecho implica un grave impacto ambiental, especialmente en cuanto a las emisiones de CO2. Así lo reflejó la organización Amigos de la Tierra en su informe Alimentos kilométricos. En el caso de España, las importaciones crecieron más de un 50% entre 1995 y 2007, siendo los cereales, el café, las especies, el marisco o las legumbres los alimentos que más distancia recorrieron.
Un modelo alternativo: agricultura orgánica, ecológica y sostenible
Ante este panorama, son muchos los que defienden la posibilidad de volver a los orígenes, recuperando los usos ancestrales y autóctonos de la tierra, de forma que el ecosistema se conciba como un todo y la actividad rural apueste por un control democrático y público de los recursos naturales. En este ámbito, hay que destacar los esfuerzos que un gran número de poblaciones indígenas de todo el mundo realizan desde hace tiempo por recuperar métodos tradicionales de cultivo y protección de la tierra y del agua.
Ante las extralimitaciones del agronegocio, se impone, por lo tanto, un modelo de agricultura orgánica y sostenible, capaz de alimentar el mundo sin comprometer el futuro del planeta.
¿Y qué puedo hacer yo?
La Associació Catalana per la Pau (ACP) ha puesto en marcha una campaña contra el hambre y en defensa del derecho a la tierra y a la alimentación. Contacta con ellos para más información.
En esta web puedes consultar materiales sobre temas relacionados con la soberanía alimentaria y la deuda ecológica.
También puedes visitar la web de la International Federation of Organic Agriculture Movements.
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