Vivir como piensas, pensar cómo vives: ¿Jugamos a las 7 diferencias?
¿Empezamos a ser activistas tras haber hecho una revolución personal o el proceso es a la inversa? ¿Luchamos por unas causas con la mano izquierda, mientras que con la derecha echamos abajo nuestros esfuerzos? ¿Es difícil vivir de forma coherente con nuestras ideas?
¿Empezamos a ser activistas tras haber hecho una revolución personal o el proceso es a la inversa? ¿Luchamos por unas causas con la mano izquierda, mientras que con la derecha echamos abajo nuestros esfuerzos? ¿Es difícil vivir de forma coherente con nuestras ideas?
Artículo de Alfonso Basco, director de Cultura de Solidaridad y coordinador de Finanzas Solidarias de la ONGD Fondo Verde
Está bien considerarse defensor o defensora del medio ambiente, y ser consciente de la importancia que tiene preservarlo. Gran gesto el de apagar las luces en “La hora del planeta”, y respetable el criticar a quien usa transporte privado más de lo necesario. Quizá ya no está tan bien, si a la vez que hacemos activismo medioambiental bebemos agua embotellada, consumimos carne de vaca, compramos productos de origen lejano en vez de productos locales, usamos a diario detergentes o champú sin ningún tipo de restricción, y sobre todo, no somos nunca parte activa de ninguna iniciativa seria, cuya finalidad sea proteger el medio ambiente.
Aplaudo a quien critica la violación sistemática de los derechos humanos que se realiza en alguna región del planeta. Quizá ya no está tan bien si a la vez que defendemos los derechos humanos vestimos de arriba a abajo con ropa proveniente del país que menos respeta estos derechos, nunca consumimos productos de comercio justo, nunca firmamos peticiones que hagan presión a las multinacionales o a la Comunidad Internacional, y sobre todo, nunca somos parte activa de ninguna iniciativa seria, cuya finalidad sea proteger los Derechos Humanos.
Por suerte cada vez hay más gente que defiende los derechos de los animales. Es respetable quien critica las corridas de toros, o las pruebas de laboratorio con animales. Quizá ya no está tan bien si a la vez que hacemos este tipo de activismo comemos hamburguesa en restaurantes de comida rápida, usamos habitualmente cualquier tipo de producto cosmético, compramos (y no adoptamos) una mascota a la que sólo hacemos caso cuando nos sobra tiempo, y sobre todo, no somos nunca parte activa de ninguna iniciativa seria, cuya finalidad sea proteger los derechos de los animales.
Es admirable la labor de quien trabaja en una ONG. Quizá ya no está tan bien si a la vez que hacemos nuestro trabajo no mostramos ningún interés por cualquier otro ámbito de la solidaridad que no sea aquel en el que trabajamos, menospreciamos la opinión o ideas solidarias de aquellas personas que no forman parte del tercer sector, no facilitamos el que otras personas se acerquen a la solidaridad o al entorno de las ONG, y sobre todo, no dedicamos ni un minuto de nuestro tiempo fuera del horario laboral a participar en ninguna causa solidaria.
Está más que bien ser activista en favor de la tolerancia y el respeto hacia las personas de todas las minorías, a las mujeres, a personas que viven en barrios marginales, a personas que se salen de lo común o tradicional, o cualquier grupo de población minoritario o que sufre algún tipo de discriminación. Sería en cambio bastante reprobable si a la vez que hacemos lo anterior no respetamos a las personas de raza blanca, a los hombres, a personas que viven en barrios adinerados, a personas que llevan una vida común o tradicional, o cualquier grupo de población mayoritario o con poder. La verdadera tolerancia es para que la practiquemos hacia todas las personas, y engloba a todos los sectores de la población. Y va más allá. Con el tiempo debe convertirse en integración, y no limitarse sólo a “tolerancia”.
Y por último, está bien criticar la incoherencia de los demás, tal y como estoy haciendo ahora mismo. Es respetable quien muestra la falta de coherencia de personajes conocidos o iconos de determinadas causas solidarias. Quizá ya no está tan bien si usamos la incoherencia ajena como excusa para no practicar la propia, o en general para no hacer nada por un mundo mejor. El activismo es algo que va en cada persona y la solidaridad es algo de lo que todos los sectores de la sociedad pueden y deben participar.
Pocas personas conozco que no crean que el mundo debería ser más justo. Sin embargo, pocas personas conozco que realmente hagan algo para que esa situación cambie. ¿Será que nuestra sociedad es incoherente y poco activista? Es posible. Yo mientras tanto prefiero revisar mi propio comportamiento, ser activista de todo aquello en lo que creo, y tratar de hacerlo de la manera más coherente posible.
¿Y qué puedo hacer yo?
¿Eres activista? ¿Te parece difícil vivir de forma coherente con tus idea?, ¿te resulta sencillo? Aporta tus consejos o inquietudes de alguna escribiendo un comentario a esta noticia o escribiendo un artículo en CanalSolidario.org sobre el tema.
Hace unos meses el equipo de CanalSolidario.org llevamos a cabo una pequeña y divertida terapia de grupo para poner en común las dudas y dificultades alrededor del consumo crítico. Échale un vistazo y anímate a compartir dudas, proezas y patinazos cotidianos.
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Por ejemplo: ideas solidarias, subvenciones ONG, voluntariado en Haití.
2 comentarios
Por: elbitatnt el 13/01/11 13:45
Genial, yo ni quitaria ni pondría ni una sola palabra.
Magnífica reflexión
Por: UtopíaPositiva el 12/01/11 16:50
Hola:
Me parece muy acertada tu argumentación y estoy de acuerdo con casi todo lo que afirmas.
Mi punto de vista es similar pero con matices. Sinceramente, creo que si bien ser voluntario o activista es una opción libre y personal, podría considerarse un “deber moral”, más que nada porque casi todo el daño que se produce en el mundo lo hemos provocado nosotros mismos. Así que lo justo sería intentar arreglar los errores.
No obstante, siempre he pensado que ser radical es un error. Nunca es bueno llegar a los extremos, en ningún ámbito.
Soy voluntaria desde hace un tiempo y he de decir que me resultó tremendamente difícil decantarme por una ONG. Casi se podría decir que la ONG me encontró a mí y es que hay cientos de miles de organizaciones que tienen maravillosos objetivos y valores. Lo “malo” es que una ONG no puede abarcar todos los sectores así que hay muchas cosas que se quedan sin poder hacer, por mucho que uno quiera.
Odio las corridas de toros y los circos con animales y los zoos, porque considero que los animales tienen derechos y no deben ser expuestos a tales situaciones. Sin embargo, aunque me lo he propuesto en varias ocasiones, no soy vegetariana. Y créeme, soy consciente de lo que hago, cada día. ¿Me convierte eso en una mala persona? Posiblemente.
Lo que quiero decir es que no es tan fácil dejar todo lo que has hecho siempre de repente y cambiar toda tu forma de ser y actuar. Pero creo, que si cada uno de nosotros intenta cambiar algún hábito, por pequeño que sea, ya será un gran paso.
Por eso creo que la coherencia es subjetiva. No se puede salir a la calle a defender los derechos de la mujer y luego en casa molerla a palos. Puede que decidas usar sólo papel reciclado y comprar en el comercio justo y hacerte vegetariano/a e incluso mil cosas más, y aún así, estarías dejándote muchas cosas de lado.
Personalmente, no creo que cuente cuántas cosas hagas bien, sino que las cosas que hagas bien las hagas consciente y coherentemente.
Por supuesto que si cambias más de una cosa, mejor. Pero no se debe culpar a alguien por no poder cambiar en todo.
Un saludo y gracias por la reflexión.
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