Voces ocultadas, realidades olvidadas: la libertad de expresión en el Magreb
Prisioneros por tratar temas prohibidos, persecuciones lingüísticas e ideológicas, agresiones, control permanente y confiscación de recursos familiares. Son varios tipos de represión que suponen la vulneración de la libertad de prensa.
La libertad de expresión y de información es una base fundamental para crear una opinión pública libre, algo que hasta el momento resulta difícil en los países del Magreb. Quien hace esta afirmación es Amnistía Internacional, que la semana pasada reunió en Barcelona a periodistas magrebíes que han sido presos de conciencia para hablar de manera libre sobre la falta de libertad y las represiones en sus países.
target=new>Argelia,
target=new>Marruecos y el Sáhara Occidental y
target=new>Túnez, tres regiones que se encuentran juntas en el mapa pero a la vez separadas y divididas por sus propios gobiernos. Según
Sihem Bensedrine, portavoz y cofundadora del Consejo Nacional por las Libertades en Túnez (CNLT), “no existen redes de comunicación en nuestros países (...) Los tunecinos no podemos leer los periódicos marroquíes ni argelinos ni viceversa”.
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Según Amnistía Internacional, se considera preso de conciencia a toda persona presa o sometida a otras restricciones físicas por sus convicciones políticas, religiosas o por cualquier otro motivo de conciencia, así como por su origen étnico, sexo, color, idioma, nacional o social, situación económica, nacimiento, orientación sexual u otras circunstancias, siempre que esta persona no haya hecho uso de la violencia ni propugnado su uso.
Para Ali Lmrabet, periodista marroquí y corresponsal del diario El Mundo en Marruecos, esto se produce porque “no hay un sólo componente democrático en el mundo árabe”, y porque en la actualidad “ya no existe el periodismo de los años 90, que fue para nosotros un referente”. Según Lmrabet, en Marruecos se aplica lo que se llama “inteligencia dictatorial”, es decir, que el Gobierno manipula inteligentemente la opinión a su parecer. En 2003 Ali Lmrabet realizó una huelga de hambre durante ocho meses después de ser condenado a cuatro años de prisión por publicar en la revista Doumane unos artículos y caricaturas sobre el rey. Sale de la prisión en enero de 2004 por la presión internacional que motivo el indulto real del periodista.
“En Marruecos, por ejemplo, podemos criticar a un ministro pero cuando tocamos la esencia del poder (la monarquía), el tema de la religión o el Sáhara, no tenemos ninguna libertad”. “No podemos hacer una reflexión neutral en torno a la monarquía o el Sáhara occidental”; sobre esta última cuestión “nos obligan a escribir ‘Sáhara marroquí‘” y el hecho de “escribir que los refugiados saharauis son refugiados es castigado”, advierte Ali Lmrabet.
Según Lmrabet, eso hace que a veces la imagen que se tenga de Marruecos desde el exterior parezca limpia y placentera, aunque en su interior se encuentra sucia e incómoda. Y añade: “Tanto Marruecos, como Argelia o Túnez son la misma historia pero la represión es diferente”.
Movimientos asociativos por la libertad de expresión
Por su parte, Salem Zenia, escritor argelino que escribe en lengua bereber o amazigh, explica que en Argelia la posibilidad de elección en el terreno político es similar a la de Marruecos y se reduce “al régimen o los islamistas”. En Argelia, “el régimen es sólido por los recursos, el petróleo”, añade.
Este escritor argelino ha sido acogido en el programa “Escritor refugiado” del Pen catalán y bajo la Red Internacional de Ciudades Refugio (ICORN), porque es doblemente perseguido en su país: lingüísticamente, debido a que literariamente sólo se expresa en amazigh, y por “la amenaza de los grupos integristas por la creación de un Estado islámico donde no tiene espacio otra opción religiosa”, señalan desde el Pen catalán.
Salem Zenia está de acuerdo con sus compañeros de profesión en que la vuelta de la libertad de información y expresión pasa por los movimientos asociativos y por los puntos de contacto entre las diferentes asociaciones, que actualmente “casi no existen porque las autoridades les han cortado el camino”. Muchos directivos argelinos han huido del país, y “para el poder está bien que se vayan los que no están de acuerdo con él”, añade.
Control de la Red
Llegada desde Túnez, Sihem Bensendrine señala que Internet está bajo control total de la “policía de la información. Todo el flujo de información que sale y llega de Internet es controlado”. En el país, su diario Kalima es víctima de este bloqueo y, aunque esta mujer y su familia han sido perseguidos por la policía política, ella sigue en la secretaría general del Observatoire pour la liberté de pressé, d’édition et de création en Tunisie, que publica informes periódicos sobre violaciones de las libertades fundamentales.
“Además de esto, actualmente tenemos un ciberdisidente y jóvenes acusados de ciberterrorismo cuyo único terrorismo es visitar sitios webs prohibidos”, señala Sihem Bensendrine. Por ese motivo, “los periodistas libres han desaparecido, se han ido al exilio”.
Más información:
Consulta en Amnistía Internacional en qué situación se encuentran las libertades de expresión e información en
target=new>Argelia,
target=new>Marruecos y el Sáhara Occidental y
target=new>Túnez.
Canal Solidario-OneWorld 2007
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