Yoga para superar el genocidio en Ruanda
Volver a dormir toda una noche después de 15 años o recuperar el apetito son algunos de los beneficios del yoga para miles mujeres en Ruanda. La ong Project Air lidera un proyecto que busca mejorar la salud física y mental de las víctimas de la violencia sexual gracias a esta disciplina milenaria.
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Volver a dormir toda una noche después de 15 años o recuperar el apetito son algunos de los beneficios del yoga para miles mujeres en Ruanda. La ong Project Air lidera un proyecto que busca mejorar la salud física y mental de las víctimas de la violencia sexual gracias a esta disciplina milenaria.
Conciliar el sueño después de haber sido testigo de la cara más cruel del ser humano no debe ser fácil. En situaciones de guerra y conflicto armado, las mujeres y niñas son uno de los grupos que más sufre los efectos de violencia, y los sufren en su propio cuerpo… aunque, a veces, las heridas son de ésas que trascienden la frontera de lo físico.
En Ruanda, en 1994, se calcula que murieron alrededor de 800.000 personas a consecuencia del genocidio (un 11 por ciento de la población). En torno a este dato oscila otra cifra escalofriante: entre 250.000 y 500.000 mujeres fueron violadas, según las Naciones Unidas. Muchas de ellas, además, quedaron embarazadas, otras contrajeron el VIH a consecuencia de las agresiones sexuales y muchos de los hijos e hijas de la guerra nacieron con el mismo estigma.
No cabe duda de que estas mujeres quedaron marcadas física y psicológicamente por profundas cicatrices y, sin embargo, quince años después, llega una noche en la que por fin consiguen espantar sus demonios y dormir tranquilamente. ¿Cómo? Gracias al yoga.
Project Air (Proyecto Aire) es una ong norteamericana que ha encontrado una fórmula novedosa que está dando unos resultados inesperados: la práctica del yoga para mejorar la salud física y mental de las víctimas de la violencia sexual en entornos de conflicto y postconflicto.
Desde que en 2007 pusiera en marcha su proyecto piloto en Kigali, Ruanda, como parte de un programa de acción más amplio llevado a cabo por la organización médica WE-ACTx, miles de mujeres se han beneficiado de esta práctica milenaria, aparentemente tan lejana a sus tradiciones, pero con la que han conseguido sentirse más fuertes, jóvenes y animadas.
Por primera vez el yoga forma parte del programa de intervención médica en zonas de conflicto y postconflicto; y su valor es tal que incluso las Naciones Unidas han reconocido pública y oficialmente la utilidad y el aporte de esta disciplina oriental a las tareas de empoderamiento y construcción de paz, convirtiéndose en la primera vez que un proyecto de intervención a través del yoga logra dicho estatus por parte del organismo internacional.
Lee la historia completa en Suite101: Yoga contra las cicatrices del genocidio.
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