"Intentamos que los niños saharauis accedan a la educación que requiere el siglo XXI"
Los niños y niñas saharauis ya han acabado la escuela y empiezan las vacaciones. Algunos se quedarán en los campamentos de refugiados pero muchos otros vendrán hasta España para pasar los meses de verano y recobrar energías para iniciar un nuevo curso escolar. Parte de estos niños empezarán en septiembre una nueva vida, dejarán a sus familias para ir a estudiar a los colegios de Argelia y Libia e incluso para cruzar el Atlántico y pasar unos años en Cuba.
El centro ’12 de octubre’ es un internado mixto que los prepara para esta aventura. Tras estudiar los cinco primeros cursos de la educación primaria en las escuelas de los propios campos de refugiados, los menores tiene la oportunidad de acceder a este internado construido en mitad del desierto, en la región de Tindouf. “La escuela acoge un número demasiado elevado de alumnos y debe enfrentarse a muchas dificultades, aunque garantiza una enseñanza, una alimentación y un programa de higiene para los niños”, explica el director del ’12 de octubre’, Ali Mahmud.
El internado acoge más de 1.800 alumnos de entre diez y doce años, bajo la tutela de medio centenar de educadores. Como el número de maestros es “insuficiente”, los niños “entran en clase por turnos y los profesores normalmente se encargan de varios cursos”, señala Mahmud. Durante todo el año estudian lengua árabe, castellano y realizan cursos “sobre la importancia de la higiene” y actividades culturales. Los menores estudian, comen, juegan y duermen en el centro y se enfrentan cada día a la “falta de material escolar” y a la insuficiencia de “camas, mantas y colchones”. En todo este tiempo sus familiares pueden visitarles cada viernes.
“Cuando acaban el sexto curso, los alumnos van donde pueden. Muchos deciden viajar a Argelia o a Libia para continuar sus estudios pero no existe ninguna garantía. El Gobierno saharaui no puede hacer nada si no recibe ofertas de otros lugares”, afirma el director del ’12 de octubre’.
Los chicos más mayores, de 18 a 20 años, tienen la oportunidad de acceder a la formación profesional y formarse en mecánica, administración, educación o medicina, aunque con los años este programa ha ido perdiendo fuerza por la falta de medios técnicos. Aun así, algunos jóvenes realizan los cursos, ya que como explica Ali Mahmud, “nuestra responsabilidad es formar a toda la población. No nos regimos por la oferta y la demanda; nos formamos para estar preparados para el futuro”. Este hecho lo ratifica el ministro de Educación saharaui, Salek Bobih, quien afirma que el pueblo saharaui se esfuerza por “crear las condiciones para que las futuras generaciones tengan la educación que requiere el siglo XXI”. “Que tengamos medios para hacerlo dependerá de cómo se desarrolle el conflicto”, añade. De hecho, tanto las escuelas como los hospitales saharauis se han puesto en marcha gracias a la cooperación internacional – gran parte de ella española —, aunque son los propios saharauis quienes administran los recursos.
Centros de salud y de discapacitados
El nivel de salud de los refugiados saharauis es bueno si se compara con la de otras personas refugiadas en el mundo. El Hospital General de Shmara es el más importante de la región y, como el centro ’12 de octubre’, se encuentra en mitad del desierto. Este centro hospitalario funciona desde hace casi treinta años “gracias a la cooperación internacional”, señala su director, quien destaca la “falta de camas y medicamentos”. La mayor parte de los pacientes padece problemas en la vista a causa de el calor, en los oídos, respiratorios y estomacales. El centro cuenta con dos ambulancias y en sus instalaciones alberga un pequeño laboratorio y una sala que hace las funciones de farmacia. Los casos más graves como puede ser una rotura o un esguince de tobillo se derivan al Hospital General de Tindouf.
Las personas con alguna discapacidad física o psíquica pueden acceder al centro de personas con disminución de la región. La mayor parte de los pacientes son niños y jóvenes, que además de la asistencia médica asisten a clases de escritura, de coordinación y de “modos de vivir”. El propósito es “educarlos para su integración y para que sean autónomos”, señala Buyemaa, el director del centro. Para ello, tanto médicos, enfermeros como profesores coinciden en señalar la importancia de la ayuda internacional, pero sobre todo, la presión política para que el pueblo saharaui abandone el desierto y regrese a su tierra.
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